Enseñanza Sobre Moisés

Jeffersonville, Indiana, EE. UU.

56-0513

1
Muy bien. Dios le bendiga, hermano Neville.
Buenos días, amigos. Tengo que mirar bien de vez en cuando para darme cuenta si es mañana o tarde. Bueno, estoy contento de estar aquí esta mañana. Hace calor, y ciertamente tuvimos una recepción calurosa. Ya no tenemos más primavera; aquí tenemos verano e invierno, ¿no es así? Todo parece estar fuera de orden, de algún modo.
Bueno, lo que me hizo llegar tarde es debido a que estoy limpiando la casa. Y esta mañana me sentía tieso y adolorido. Me levanté bastante temprano, pero no sabía que una mujer tenía tanto trabajo que hacer; ellas ayudan a alistar tres niños y luego para ir a la escuela dominical. ¡Oh, qué cosa! Es bastante que hacer, más de lo que yo pensaba que había que hacer. Y pensé: “Bueno, ahora…” Anoche estuve trabajando, y llegué del campo evangelístico, y estuve ayudando. Vaya, ¿no es difícil encontrar trabajo? ¡Humm! Yo ofrecí treinta y cinco dólares a la semana para que alguien cuidara a los niños, y nadie quiso hacerlo.
2
No hace mucho agarré un pedacito de papel. Por supuesto, esto no va con esto. Decía que él estaba por aquí arriba, alguna clase de político acá en Kentucky, decía que él había estado en el ejército dos veces, había sido herido tres veces como héroe, había vivido como ciudadano en la vecindad, él había hecho muchas cosas, había rescatado la vida de dos niños, uno de un arroyo y otro de algo más; no recuerdo todo lo que él tuvo que hacer. Y finalmente pensó, bueno, que él había ayudado a mantener el orden en la vecindad, y que pues él se lanzaría como candidato para un cargo. Y cuando lo hizo, de cien mil personas, él sacó cinco votos. Él le preguntó al alguacil si él podía conseguir una escopeta de cañón corto para ayudarlo a salir del vecindario, dijo: “Era peligroso aun vivir allí”. Él no tenía suficientes amigos que lo ayudaran a salir de la ciudad. Pero eso es agradecimiento americano, ¿no es así? Correcto. En América, entre más uno hace, más se le espera que haga. Correcto: más se espera de uno.
3
Bueno, en esta mañana deseo manifestar mis elogios sobre lo limpia y bonita que luce la iglesia. Y cuando llegué, ellos tenían una puerta allí para brindar mejor circulación. Así que eso está muy bien, quien sea que esté en la junta de síndicos aquí y ayudó a instigar esto. Eso verdaderamente estuvo muy bien, y es un trabajo bonito y limpio. Creo que el hermano Hall, si no me equivoco, fue quien lo hizo. Ese es un trabajo muy bien hecho.
Ahora, es un poco tarde, pero Uds. saben cómo es la gente de la Santidad. Vean, no tienen ningún tiempo definido, ¿verdad, hermano Slaughter, hermano Deakman? [Los hermanos responden: “No”.] Todo es según nos sintamos dirigidos.
4
¡Tuvimos reuniones maravillosas allá en el sur! Pero sólo pude hablar hace unos días. Prediqué por cuatro meses consecutivos y no tenía suficiente voz ni para susurrar. Tenía que hacerle señas a mi esposa, Uds. saben, de lo que quería, y es un poco… Y luego después de eso, y volver aquí al norte donde tenemos este clima tan hipócrita como el que hemos estado teniendo (pues, frío un día y caliente el siguiente), me dio una verdadera, verdadera gripe chapada a la antigua. Y me levanté hace un par de días y comencé otra vez. Y así que, pero estamos muy agradecidos con el buen Señor, por toda Su bondad y misericordia para con nosotros, y por lo bueno que Él ha sido. Tuvimos reuniones maravillosas allá en el sur, y el Señor nos bendijo sumamente en abundancia.
5
Y anoche cerca de la medianoche, el hermano Woods me llamó a su casa, y el hermano Arganbright en el teléfono, quería que yo comenzara en Suiza. Así que, eso es demasiada actividad para un anciano.
Así que, nuestra próxima reunión empieza el once de este mes próximo, en el Tabernáculo Cadle en Indianápolis. En el Tabernáculo Cadle en Indianápolis, desde el once hasta el quince. Y luego, desde allí, a Minneapolis, de Indianápolis a Minneapolis, con los hombres de negocio.
6
Ahora, creo que el hermano Neville me llamó, y yo quería mostrar mi… expresar mis agradecimientos a él y al trío Neville que vino y cantó para mí en ese funeral que efectué anteayer. Y le pedí al hermano Neville; no tenía cantantes. La familia Liddick… El Sr. Liddick se había ido a casa, a la gloria. Y yo ciertamente… Si su hijo, (no lo veo aquí)… Y descubrí más tarde que era su hijo adoptivo. Sabiendo que su papá estaba muriendo, sin ser salvo, corrió a buscarme a la casa; y su papá fue salvo antes de morir. Así que, la cosa más grande que ese muchacho alguna vez hizo, fue venir a buscar a alguien para que orara por su papá antes de partir. Y el trío Neville vino y cantó hermosamente para ellos.
Y así que, el hermano Neville me invitó a que predicara esta mañana y esta noche, también. Así que, si se fijan bien, la Escritura dice: “Pedid en abundancia para que…” Así que, ¡el hermano Neville es muy escritural en esas cosas! Y así que pues, haré lo mejor que pueda.
7
Ahora, dije esta mañana, siendo que es Día de las Madres, y queremos hablarles un poco a los niñitos. Pensé que esta mañana sería un buen tiempo para los niñitos. Ahora, yo pienso que el día de las madres…
Ahora, no hay nada más dulce sobre la tierra, de lo cual sepamos, que una verdadera o genuina madre. Dios bendiga su valerosa alma, una verdadera, verdadera madre. Pero hoy en día tenemos tantos sustitutos que llaman madre, que no son madre; ellas simplemente son mujeres que tienen hijos, pero no madres. Una madre chapada a la antigua es una que cuida de su familia, y no anda en estos salones y bailes, y toda la noche, fumando, bebiendo, y luego llega a la casa. Ella no se merece ese nombre sagrado de madre. Ella es sólo una mujer, eso es todo, que está criando a un niño; pero no una madre, porque madre tiene un significado diferente en ello. Ahora, yo pienso que si uno…
8
Ahora, para el Día de las Madres, quiero expresarme muy bien. Yo mismo tengo una madre anciana y canosa sentada aquí. Y pienso que un día en particular está bien; sin embargo, cada día debiera ser un día de las madres, no solamente una vez al año. Y la razón por la que estas cosas del día de las madres están aconteciendo hoy…
Y veo que sólo tenemos un grupito, y todos nos conocemos unos a otros. Somos de los nuestros, y esa es la razón que vamos a hablar de esta manera.
Yo pienso que una madre debería ser respetada cada día igual, correcto, una verdadera madre. Pero este día que llaman El Día de las Madres, no es otra cosa sino una gran tontería comercial, sólo para sacarle el dinero a la gente. Y es una desgracia para la madre, un día de la madre, para una vez al año: “Bueno, nosotros no iremos a verla pero le enviaremos un pequeño ramo de flores y eso lo resuelve”. ¡Eso no es madre! ¡Por el amor de Dios! Una verdadera madre es una mujer… una que lo crió a Ud., y Ud. la ama, y Ud. la ve y habla con ella todo el tiempo, le expresa su amor a ella todo el tiempo, no solamente un solo día al año.
9
Pero antes de comenzar con mi pequeño drama, me gustaría expresar esto y refrescar la memoria de algunos de Uds. Y muchos de Uds. han muerto, muchos de ellos han partido desde que esto fue hecho. Fue en 1933.
¿Vieron Uds. en el periódico hace unas cuantas noches donde aquella mujer mató a ese hombre, lo arrojó a la entrada y pasó para atrás y para adelante encima de él con su carro hasta simplemente aplastarlo todo en la carretera? Y ellos dijeron, los abogados y demás, dijeron: “¿No condena eso su conciencia?” Y ella dijo: “Dios y yo nos estamos cansando de la manera como tratan a las mujeres”. ¡Huh! Sí, ella es un ídolo. Correcto. “Nos estamos cansando”. ¿Cómo puede esta nación caer tan bajo así? Me pregunto: ¿Hasta dónde podemos llegar sin juicio Divino? “¿Dios y yo?” Si Dios fuera culpable de toda la insensatez que le culparon a Él, Él no sería Dios, eso es todo. “¿Dios y yo?” ¡Qué cosa! Dios no tiene nada que ver en semejante cosa. Con razón cuando ella esté allá en el tormento, ¿cómo pensará ella acerca de ello entonces? ¡Oh!
10
¡América! Ahora, Uds. recuerdan, si Uds. no tienen esto anotado, apúntenlo. Esta es mi predicación. ¿Ven? En 1933, cuando estábamos teniendo servicios aquí abajo donde el antiguo… Yo creo que la Iglesia de Cristo está allí ahora, antes era el antiguo… Está por aquí, hermano Neville, directo hacia abajo. Charlie Kurn solía vivir allí. ¿Cómo es…? El orfanato por acá en la Avenida Meigs. En 1933 yo acababa de comprar un Ford 1933, y lo dediqué al Señor esa mañana. Y, antes de irme a casa, vi una visión. La tengo escrita, un papel viejo y amarillo todavía esperando en una Biblia. Yo vi que venía el tiempo del fin.
11
Y ¿cuántos pueden recordar cómo lucían los carros allá en el año 1933? Oh, era como alargado así, y bien alto en la parte de atrás, y rebajado para colocar la llanta de repuesto. Yo vi una visión, de que: “Antes de la Venida del Señor, los carros tendrían la forma de un huevo”. ¿Cuántos recuerdan esa predicción? ¿Queda alguien aquí? El hermano Steward partió, supongo. Era el año 1933 cuando estábamos teniendo servicios por acá. Supongo que casi todos ellos ya han partido, desde aquel entonces.
12
Y predije que América, el dios número uno de ellos serían las mujeres. Eso es lo que es. Todo es copiado de Hollywood. Yo tengo cosas en registros de los archivos de la F.B.I que los sacudiría en pedazos el sólo decirles allí donde… Y el escándalo de estas estrellas de cine, lo cual casi no hay una de ellas que no sean prostitutas.
Y la F.B.I lo expuso recientemente. Yo lo tengo de sus propios archivos. Y así que, todas ellas viviendo afuera, aun estas estrellas de cine, donde ellos probaron que entraron y las encontraron viviendo con hombres, por veinticinco y cincuenta dólares la noche, por cada hombre. De punta a punta, en Hollywood y todas partes, tenían hogares privados, y hombres allí en eso que las enviaban a esas personas.
Y eso es lo que nosotros miramos: televisión, y por acá en estas pantallas y cosas, y permitimos que nuestros hijos le llamen a eso un ídolo. Y luego ¿a eso le llaman “madre”? Eso está muy lejos de ser madre. Eso es inmundicia. Exactamente. Y sin embargo ellas fijan el ritmo del día. Dejen que ellas, la clase de ropa que ellas usen, y miren a las mujeres americanas vestirse exactamente igual que ellas y todo así. Seguro. Y el dios de América es una mujer. No Jehová; ellos se han apartado de eso. Miren, no para la verdadera madre, pongan eso a un lado, esa es una cosa sagrada de la cual vamos a hablar; pero yo me refiero es a las mujeres.
13
Y, recuerden, yo predigo que antes de la gran y total aniquilación, (lo cual no digo que el Señor me dijo esto), pero yo creo que habrá algo que sucederá entre ahora o en ese tiempo en 1977. Pudiera venir en esta misma hora. Pero entre ahora y 1977, yo predigo o una gran destrucción o una aniquilación total de la tierra entera, entre ahora y 1977. Yo lo predije en 1933.
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Yo predije que las mujeres seguirían en declive moral y que la nación seguiría cayendo, y seguirían a la madre, o así como la madre, hasta llegar, hasta cuando una mujer llegue a ser un ídolo. Y después de un tiempo que “América sería gobernada por una mujer”. Apúntenlo y vean si no es correcto. Una mujer ocupará el lugar de presidente, o algún puesto de alto poder en América.
Yo digo esto con respeto, damas. Cuando una mujer se sale de la cocina, ella está fuera de su lugar. Correcto. Allí es donde ella pertenece. Fuera de eso, ella no tiene ningún lugar. Y ahora, yo no soy duro con ellas, pero sólo digo lo que es la verdad y lo que la Biblia… Anteriormente el hombre era la cabeza del hogar, pero eso era en los días de la Biblia. Él no lo es más. Él es un títere, o él es la niñera o algo así. Y ahora, no, ella es la que cuida de un perro, practica el control de la natalidad, y carga un perrito por allí en sus brazos todo el tiempo, de manera que puedan andar de acá para allá toda la noche.
15
Yo no estoy hablando acerca de la madre. Dios las bendiga. Miren, eso es lo que mantiene unida la nación - a medias - es una verdadera, buena, sagrada, madre salvada por Dios. Correcto.
¡Pero es una vergüenza lo degradadas que están nuestras mujeres! Yo tengo un artículo del periódico que recorté después de esta última guerra mundial número dos, que decía: “¿Adónde se ha ido la moral de las mujeres americanas, que, después de seis meses en ultramar, cuatro de cinco soldados fueron divorciados por sus esposas, y ellas se habían casado con otros hombres?” Ellas ni siquiera pudieron esperar que ellos regresaran de ultramar - ¡soldados allá muriendo en el campo de batalla! Esa persona que hace eso no es digna de ser llamada madre, ese nombre sagrado. No, no lo es. Bueno, yo siempre he sido llamado “odiador de mujeres”, pero no lo soy. Yo pienso que una mujer es una cosa maravillosa, y especialmente una madre. Pero ellas deberían estar en sus lugares y no ocupar el lugar de los hombres, y no ocupar el lugar de Dios.
16
Y esta mañana yo escuché a una iglesia de la Santidad diciendo que una madre gobierna las estrellas del cielo, y todo esto. Yo puedo imaginarme a los católicos haciendo eso con la virgen Miriam, y así por el estilo, adorando a esas mujeres muertas como Santa Cecilia y todas esas, lo cual es la forma más refinada de espiritismo. Eso es todo lo que es. Cualquier cosa que interceda con los muertos es espiritismo. Así que, existe un solo Intercesor entre Dios y los hombres, y ése es Cristo Jesús. Correcto. Ningún otro santo, ni nada aparte del Señor Jesucristo, es el Único que es Intercesor entre Dios y el hombre. Pero cuando yo veo las iglesias, y poniéndose aun detrás del púlpito, y quitan todo lo sagrado de Cristo y se lo dan a la madre, quitan todo lo sagrado, y luego ellos comienzan así y allí lo tienen Uds.
17
Así que, pero aún queda una madre verdadera. “Alabado sea Dios”. Igual que cuando Ud. ve a un hipócrita; hay un cristiano verdadero que realmente sí vive la vida. Donde Uds. tienen un pro, tienen un contra. Así es. Y ahora, esa clase de madre y esa clase de hijo, miren, deseamos hablar acerca de eso en la Biblia.
18
Ahora, me pregunto ¿cuántos niñitos y niñitas tenemos aquí en esta mañana? Si Uds. escucharon el programa radial del hermano Neville ayer… ¿A cuántos niñitos y niñitas les gustaría subir aquí arriba y sentarse en el asiento de enfrente mientras que les hablo? ¿Les gustaría subir aquí? Hay uno, dos, tres, cuatro, cinco asientos aquí; uno aquí, son seis, y algunos pequeños asientos por aquí. ¿Les gustaría pasar al frente, algunos de Uds. pequeñitos que puedan andar sin su mamá, y que les gustaría subir aquí arriba? ¡Uds. son más que bienvenidos! [Alguien dice: “Ellos están atrás en el salón de la escuela dominical”]. Oh, ellos están en el salón de la escuela dominical, bueno, eso está bien. Esperaremos unos pocos minutos, y seguiré hablando, y ellos saldrán en pocos minutos. Y nos reuniremos alrededor, los de ojos negros, y café, y azules, aquí arriba, y hablaremos con cada uno de ellos. Ahora, ¿cuántos aman al Señor? Digan “amén”. Muy bien.
19
Ahora quiero hablarles a las madres y a los niños, y esto va dirigido a ellos.
Esta noche, si el Señor lo permite, deseo hablar sobre el primer milagro que Jesús realizó, y cómo fue hecho, y con qué poder, y qué hizo Él cuando lo hizo. ¿Cuántos saben cuál fue el primer milagro que Él hizo? Díganlo, todos juntos.
Convirtió el agua en vino.
Eso es correcto, el primer milagro que Él hizo. Ahora, si el Señor lo permite… Mientras yo estaba estudiando esta mañana, esto me vino a la mente.
20
Veo que tenemos a nuestro buen amigo, el Sr. Y la Sra. Yeker allá atrás, creo yo, esta mañana. Casualmente los vi mientras volteaba alrededor del poste en esta dirección. El otro día me estaba haciendo un examen; yo tenía que mantenerme al corriente con los exámenes con respecto a los viajes para ultramar. Y, cuando salí, pues me encontré con el Sr. y la Sra. Yeker, sentados allí afuera en la oficina.
El doctor Scheen, en Louisville, es un hermano cristiano muy fino. Déjenme decirles, yo realmente conocí a un hombre de verdad allí, uno genuino que cree en Dios y deposita en Él su confianza. ¿Saben qué? Déjenme decirles, yo encuentro más doctores que creen en sanidad Divina que predicadores. Correcto. Uno les habla y ellos dicen: “Ciertamente”. Y cuando me iba, él tomó mi mano y dijo: “Hermano Branham, Ud. hace más por la humanidad de lo que yo alguna vez pudiera hacer”. Él dijo: “Eso es correcto”. Dijo: “Ud. puede ayudar a gente que yo ni siquiera pudiera tocar”. Dijo: “Eso es correcto”.
Yo dije: “Bueno, por supuesto, Ud. puede coser, o componer un hueso, o algo así. Pero Dios hace la sanidad”.
Él dijo: “Eso es correcto”. Amén. Oh, a mí me gusta ver gente de mente amplia, que piensa de manera sensata. Yo pienso que la cirugía, y un doctor en medicina, y un quiropráctico, osteópata, sanidad Divina, y todos juntos, si algo de eso puede ayudar a alguien, yo estoy a favor de ello. Y cuando Ud. ve a un doctor condenar a un predicador, y el predicador condenar a un doctor, y un osteópata condenar a un cirujano, el cirujano condenar a un doctor en medicina, Uds. pueden imaginarse esto: hay algún motivo egoísta en alguna parte. Eso es correcto, porque cada uno de ellos ha probado que ellos ayudan a alguien. Eso es exactamente correcto.
21
Ahora, el asunto de ello es, yo pienso que si nuestros motivos están correctos, y nuestros corazones están correctos por la gente, todos debiéramos trabajar juntos para ayudar a nuestro prójimo, para hacer que la vida sea más fácil. Y entonces sus motivos no son egoístas, dando alabanzas a Dios Quien nos da todas las cosas gratuitamente. Amén. Sí, señor. Oh, nosotros no deberíamos tener egoísmo en ninguna parte; debería ser perfecto.
Si el quiropráctico puede ayudar a éste, el osteópata puede ayudar a éste, el cirujano ayuda a éste, y otro más ayuda a ése, oremos por todo ello, amén, para que Dios ayude a que Su pueblo querido esté bien y contento. Desde luego, no tenemos mucho tiempo para permanecer aquí; apenas unos pocos días y nos vamos rumbo a otra parte. Así que, lo que estamos procurando hacer, es hacer la vida un poco más fácil para que Uds. puedan tener un tiempo mejor mientras que están aquí. Amén.
22
Ahora, basados en este pensamiento, inclinemos nuestros rostros antes de que abramos la Biblia, y hablemos con nuestro amado Salvador.
Nuestro bondadoso Padre Celestial, venimos tan humildemente esta mañana a Tu Presencia, y te damos gracias por encima de todo lo que alguna vez fue en la tierra o que alguna vez será, por el Señor Jesucristo. Porque Él fue Quien unió al hombre y a Dios, y nos reconcilió a nosotros pobres e indignos extranjeros impíos: alejados de Dios por elección de nosotros mismos; nosotros hicimos nuestra propia elección y nos alejamos de Él. Y Él fue tan bueno en venir, y mientras que nosotros éramos desagradables para Dios, mientras que éramos pecadores alejados de Dios, Él nos reconcilió nuevamente con el Padre, a través del derramamiento de Su propia sangre.
¡Cuánto te damos gracias por Él! Y hoy está parado como un Mediador, el Único entre Dios y los hombres, Quien puede hacer que una oración llegue a la Presencia de Dios, a través de la plataforma de Su propia Sangre que Él derramó desde la tierra hasta la gloria. Vino a esta tierra por la vía de un establo, nació en un pesebre. Salió de la tierra, a través de la pena capital. La tierra no lo quiso a Él. El cielo no lo podía recibir a Él porque Él era un pecador - Él tenía nuestros pecados sobre Él. La tierra no lo quiso a Él, ellos lo rechazaron: “¡Que muera tal Persona!” Él ni siquiera tuvo un lugar donde nacer, o un lugar donde morir. Y Él estuvo colgado entre los cielos y la tierra; el cielo no lo podía recibir a Él, ni la tierra lo quería tener. Y Él murió, de todas maneras, para salvarnos del pecado, para sanar nuestra enfermedad, para darnos gozo y una estadía amorosa mientras que estuviéramos aquí en la tierra. ¡Qué Salvador! ¡Oh, cuánto te damos gracias por Él!
Oh Dios, permite que cada adoración de nuestro corazón sea derramada hacia Él, y sólo a Él. Que cada respeto y cada adoración, que todo lo que salga de nuestros labios o corazón, sea puesto en Él Quien es digno de todo. Aquel Quien se sentó sobre el Trono un día, con el Libro en Su mano, ningún hombre en el cielo ni en la tierra era digno o capaz de aun mirar en el Libro, o de desatar los Sellos que lo tenían sellado. Y este Cordero que fue inmolado desde la fundación del mundo, vino y lo tomó de Su mano, abrió los Sellos y desató la Palabra al pueblo.
23
Y, Padre, rogamos hoy que Su Espíritu Santo desate nuestros corazones de toda su tiniebla, desate nuestra lengua de todo lo que es vil, perdone todos nuestros pecados, y quite toda la oscuridad, y entre en nuestros corazones esta mañana.
Y especialmente estos niñitos, Dios, bendícelos mientras que ellos están sentados aquí esta mañana con sus amorosas madres. ¡Dios, cuánto te agradecemos por la maternidad, por madres verdaderas! En medio de toda esta oscuridad e idolatría, e inmundicia y corrupción del mundo, con todo eso tenemos madres verdaderas y genuinas. ¡Cuánto te damos gracias por ellas! Jóvenes y ancianos, ambos por igual, te damos gracias, Padre, por la verdadera maternidad. Y rogamos, Dios, que Tú las bendigas.
Verlos a ellos sentados aquí esta mañana, muchos de nuestros hermanos y hermanas, trayendo en ellos rosas blancas o claveles blancos, y flores, significando que su querida y santa madre ha cruzado más allá del velo al otro lado; no muerta, sino viva por los siglos de los siglos. Algún día ellos bajarán, también, al río, y allí ellos volverán a verlos otra vez, al otro lado. Muchos traen en ellos rosas rojas, de que la madre aún está aquí. Te damos gracias por eso.
Ruego que Tú nos bendigas juntos mientras que estudiamos Tu Palabra, porque lo pedimos en el Nombre de Cristo. Amén.
24
Ahora, que el Señor les bendiga. Y comenzaremos directo en la Palabra esta mañana. Ahora, primero, antes de este pequeño drama, yo pensé que las madres y los niñitos… Y ellos probablemente me oirán porque este micrófono tiene una voz tremenda. Y voy a dar un pequeño drama, porque me he estado dando cuenta en mis servicios, que a veces los dramas ayudan bastante. ¿No les parece? Los pequeñitos lo entienden mejor. Yo estoy mirando un par de muchachitos de ojos brillantes sentados, mirándome en este momento, los cuales serán hombres del mañana si es que hay un mañana.
25
Y ahora, antes de traer el drama, o cualquier otra cosa que está sucediendo en la iglesia, eso debe tener el respaldo bíblico. Amén. Tiene que haber el respaldo bíblico. Primero, abramos todos en Mateo, el capitulo 16 y el versículo 25, y leeremos estos versículos. Primero, mientras estamos leyendo, preparándonos, quizás para ese entonces los niñitos hayan salido. Ahora, en Mateo 16:25, leemos esto:
Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.
Ahora, esta es una Escritura muy importante. Leamos todos esa Escritura. ¿Cómo dicen? Todos, niñitos y todos, juntos ahora. [La congregación lee la Escritura en voz alta con el hermano Branham].
Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.
26
Uds. saben, niños y niñas, y yo sé que los más viejos disfrutarán esto igual que los niños. Pero, esa Escritura es tan importante. Y algunas Escrituras eran tan importantes que Dios las puso en todos los cuarto Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas, y Juan. Pero ¡esta es tan importante que Él la puso seis veces en el Evangelio! Seis veces salió esto de Sus propios labios - de los labios de Jesús.
27
Ahora, en Marcos (abriremos allí), en el capítulo 8 de Marcos, y comenzaremos con el versículo 34, y leeré un poco allí. Y yo quiero que se fijen aquí otra vez, es una continuación de esto donde Jesús lo habló. Y recuerden, Él lo puso seis veces en el Evangelio, para así estar seguro. Dos es un testigo, pero Él lo puso tres veces para que (¿ven?), para que Uds. estuvieran seguros de recordarlo.
Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
Ahora, uno de los traductores puso: “Tome su cruz, y sígame diariamente”. Ahora, ahora el versículo 35. Escuchen.
Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del Evangelio, la salvará.
Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?
¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
28
Ahora, tomemos este versículo 35 y citémoslo juntos ahora. Muy bien. Ahora digámoslo juntos. Vamos a tomar Marcos 8:16. Ahora, digámoslo juntos: Marcos 8:16, 35. No, la dije mal todavía. Marcos 8, discúlpenme. Marcos, San Marcos, capítulo 8, versículo 35. Ahora sí lo tenemos. Leámoslo. [El hermano Branham y la congregación leen la siguiente Escritura.]
Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del Evangelio, la salvará.
29
¿No es eso maravilloso? Ahora, comenzaremos directamente con nuestra pequeña historia, y a medida que los niños vengan ellos tomarán sus lugares. Los ujieres vigílenlos mientras ellos se aquietan, vean si los pueden acomodar aquí, mientras que tomamos y relatamos nuestra historia. Vamos a basar esto, esta mañana, en un drama. Y muchas veces, hace unos cuantos días…
El hermano y la hermana Woods estaban conmigo, creo yo, allá en la última reunión, y yo estaba hablando en el desayuno de los Hombres Cristianos de Negocio. Y yo traje un drama de Zaqueo arriba en el árbol sicómoro, y, cuando Jesús pasó, y cómo es que Él agarró un bote de basura, Uds. saben, (lo dramaticé), y se subió en un árbol, para ver a Jesús. Y un hombre de negocio sentado arriba en el árbol, Uds. saben, escondiéndose de Jesús. Y Jesús, Uds. saben, como si Él no sabía en donde él estaba. Y entonces él dijo: “Oh, me dicen que ese hombre sabe cosas y puede predecir cosas, y sabe en dónde el pez tenía un… Yo no lo creo”. Y Jesús pasó debajo del árbol. Y él dijo: “Ah, Él no puede verme, yo estoy sentado arriba de un árbol”.
Jesús se detuvo y miró hacia arriba, y dijo: “Zaqueo, desciende”. No solamente sabía que él estaba allí arriba, pero Él sabía quién era él.
Así que, yo pienso que un pequeño drama a veces ayuda a la gente anciana, a los viejos muchachos y muchachas, igual que a los jóvenes.
30
Ahora bien, Uds. me pudieran preguntar, después de que esto haya terminado: “Hermano Branham, ¿de dónde saca Ud. esta información de estos personajes y nombres?” En algunos de ellos he sido ayudado por mi buen amigo, el hermano Booth - Clibborn. Y otro, por Josefo, el gran historiador. Y esos libros sobre historia que he leído, acerca de este evento, y así por el estilo. Y así es como yo obtuve mi información de lo que vamos a presentar en drama esta mañana, para esto…
31
Veo que nuestros pequeñitos ya están saliendo, y para esta historia que vamos a relatar en esta mañana. Ahora, Uds. niñitos y niñitas, si Uds. pueden, los que deseen, pasen aquí al frente. Tenemos cinco o seis asientos vacios. Si les gustaría subir aquí, estaríamos contentos de tenerlos. Uds. están entrando a tiempo para el pequeño drama aquí.
Y ahora, así fue como yo vine a obtener esta información, como vine a encontrarla. Alguien pudiera venir por allí y decir: “Bueno, yo nunca leí esa parte en la Biblia”. Pero, si Ud. no lo hizo, la historia la recopiló, ¿ve Ud.? Así que, todo es la misma historia, sólo que es dada en forma de un pequeño drama.
32
Y, así que, ¡eso es! ¡Eso es! ¿Es ese tu hermanito? ¡Oh, él sí que se parece a ti! Y él es un niño muy fino. Uno sencillamente lo nota. Muy bien.
Ahora, ¿tú quieres pasar aquí y sentarte aquí abajo? Hay dos niñitas, o tres niñitas. ¡Vaya, eso está muy bien! Ahora, yo quiero… Esta pequeña historia en esta mañana es para las muchachitas y los muchachitos. Sra. Collins, yo creo que esa es Ud. allí, y la otra hermanita… ¿Tú quieres ir allí, cariño, y sentarte? Sí, yo creo que hay un lugar justo aquí, si la dama quita su cartera. Y por acá hay dos asientos aquí.
Yo quiero a todos estos muchachitos y muchachitas aquí arriba enfrente, de manera que pueda hablarles a ellos. Miren, acá tenemos unas sillas aquí. Necesitamos que consigan unas sillas. Sí, señor. Que algunos de ellos nos ayuden aquí. Y queremos que esto sea sólo para estos muchachitos y muchachitas. ¡Oh, hermanos! ¿No está bien eso? Miren, eso es… Yo creo que Uds. necesitarán unas cuantas más, hermano Neville; veo dos más viniendo. Ahora, ¡eso está bien!
¿Cuántas madres hay aquí? Levante su mano. ¡Oh, eso es maravilloso! Ahora, eso está, pero muy bien.
33
Ahora, si Uds. muchachitas en la parte de atrás desean pasar aquí, háganlo pues, si tienen la edad suficiente como para estar lejos de mamá. Y si mamá quiere traerte aquí arriba, pues, dile que venga. Es para mamá, también. Muy bien, ahora.
Déjenme decirles, niños, que nosotros acabamos de leer un versículo. ¿A todos Uds. les gustaría citarlo conmigo? ¿A todos les gustaría citar este versículo conmigo? Miren, se encuentra en San Mateo, el capitulo 16 y el versículo 25, de lo que vamos a hablar. Ahora, estos pequeños… Cada muchachito y muchachita, en esta mañana, cite esto conmigo ahora. Digan: “San Mateo [los muchachitos y muchachitas repiten después del hermano Branham.], el capitulo 16, el versículo 25”. Ahora Uds. citen conmigo. “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de Mí, la hallará”. ¡La hallará! Sí, digámoslo otra vez. “Porque todo aquel que pierda su vida por causa de Mí, la hallará”. ¡Maravilloso!
34
Ahora, niños y niñas, ¿saben qué? Hay muchas cosas en el mundo que son muy valiosas. Y una de esas cosas es, Uds. la tienen con Uds. hoy: es el alma que está dentro de ese cuerpo. Y esa es la cosa más valiosa en el mundo para Uds. ¿Es correcto eso, madre? Diga “amén”. La cosa más valiosa que Ud. tiene es su alma.
Y ahora, si Ud. guarda su alma, entonces Ud. la va a perder. Y si Ud. pierde su alma, entonces Ud. la va a salvar - si Ud. pierde su alma por Jesús. ¿Ve? En otras palabras, si Ud. cree en Jesús, Ud. se convierte en Su discípulo. Y entonces si Ud. le entrega su vida a Jesús cuando está joven así, entonces Ud. va a… Él se la va a salvar para Vida Eterna. Pero si Ud. quiere guardarla, Ud. la va a perder; sí, Ud. la perderá. Si Ud. quiere actuar como estos otros muchachos y muchachas de por aquí, y salir y hacer como ellos hacen, entonces Uds. la van a perder. Pero si Uds. quieren entregarle su vida a Jesús, entonces Uds. la van a salvar por la eternidad y para siempre.
35
Ahora, Uds. recuerden eso ahora, que es la cosa más valiosa en todo el mundo, es su pequeña alma. Y si Ud. la guarda, la pierde; si Ud. la entrega a Jesús, Ud. la salva. ¿Pueden decir eso conmigo? Si… Digan: “Si yo la guardo [los niños repiten.], la perderé; y si yo la entrego a Jesús, la salvaré”. ¡Eso es! Ahora sí lo hicieron bien. ¿No es eso…?
Todas las madres que piensen que eso estuvo bien, digan: “Amén”. ¡Oh, qué bueno! Eso está bien.
Ahora, vean Uds., esa es una cosa que Uds. pueden hacer. Ahora, sigan adelante. Si ellos desean actuar así, y los del mundo desean… Si los muchachitos y muchachitas desean salir allá y hacer cosas, y decir mentiras y decir cosas que están erradas, y engañar y robar, y hacer cosas malas, y copiarse en la escuela, y demás, que sigan adelante; ellos pierden. Ellos la perderán. Pero si ellos la entregan a Jesús, y no hacen eso, ellos entonces la salvarán. Eso es lo que Uds. desean hacer. ¿No es así?
36
Ahora vamos a comenzar nuestro pequeño estudio. Miren, ese es nuestro respaldo, recuerden eso. Ahora bien, comencemos nuestra pequeña historia. Ahora, para la gente anciana, y para los padres y madres, Uds. escuchen también; miren, Uds., especialmente Uds. madres y padres. Y daremos comienzo… ¿A Uds. les gusta las historias? ¿Sí? ¡Oh, a mí me encantan! Miren, especialmente… Uds. leen muchas historias que no son verdaderas. Pero esta historia es verdadera, absolutamente la verdad, cada palabra de ella. Está en la Biblia de Dios, así que tiene que ser la verdad, (¿ven?), por cuanto es la Palabra de Dios. La Palabra de Dios es la verdad.
37
“Mira, tú sabes”, dijo: “Yo estoy muy cansado. Estoy que me muero del cansancio”.
“Bueno”, dijo, “¿por qué no subes y te acuestas? Recuéstate en el catre, el sofá allá arriba, y acuéstate”.
Él dijo: “Pero, oh, estoy tan cansado”. Dijo: “¡Oh, cariño, si tú hubieses visto lo que yo vi hoy!”.
Dijo: “Bueno, ¿qué fue lo que vistes?”
Dijo: “No puedo decírtelo delante de los niños, ¡oh, es demasiado horrible! ¡Oh, fue muy malo!”.
“Bueno, ¿qué fue lo que vistes?”
“Bueno, voy a subir y acostarme un ratito, y luego después de la cena cuando hayamos acostado a todos los niños, entonces te contaré lo que sucedió”.
“Muy bien”, dijo ella.
Y él subió las escaleras. Se acostó. “¡Oh, estoy tan cansado! ¡Oh, vaya!”. Uds. saben cómo se pone papá cuando está cansado, realmente cansado“.
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Y al poco rato, la niñita de ojos brillantes, ella comenzó a correr por todo el piso, y a hablar un poco en voz alta. Ella dijo: “Sss, no hagas eso. Despertarás a papá. Y, oh, él estaba tan cansado que quería morir. Él ya no quería vivir. Y si papá está así de cansado, pues, nosotros deberíamos dejarlo dormir un ratito. No lo despiertes”. La pequeña Miriam va allá y se sienta, para quedarse bien quieta.
Y al poco rato ella ya tenía la cena toda lista, entonces sube sigilosamente las escaleras y llama: “Amram”.
Y él dijo: “Sí, Jocabed, querida, ya voy”. Entonces ellos bajaron las escaleras, Uds. saben, y disfrutaron de una buena cena.
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Entonces, después de que ellos hubieron cenado, y el muchachito y la muchachita se habían comido toda su cena, pues, la madre guardó las cosas y los metió a la cama.
Y luego ella entra al cuarto, ella y su esposo, y se sientan. Dijo: “Ahora bien, ¿qué fue lo que tú vistes hoy, Amram, que te perturbó tanto esta noche, que tú ni siquiera querías vivir?”
“Oh”, él dijo: “Querida, yo sencillamente no lo puedo entender”. Dijo: “Yo vi… Bueno, nosotros lo vemos todos los días, pero hoy fue muy en particular”. Dijo: “Oh, yo vi la escena más horrible que jamás haya visto”. Dijo: “Nuestros pobres muchachos, algunos de ellos no tienen más de doce años de edad, y jalando esa carreta grande, con sogas así alrededor de su cuello. Y esos pobres muchachos habían jalado a tal grado que ya no podían, por esa grande cuesta, esas enormes piedras allí atrás, y ellos no podían avanzar más. Y después de un rato la carreta comenzó a crujir y a ir muy lento, y al poco rato se detuvo. Y allí por el camino vino un hombre, ¡oh, él era un maníaco! Él vociferó: '¿Por qué están deteniendo esta carreta?' '¡Wham!'. Con esos grandes látigos, y azotándolos por la espalda, y la sangre salía de sus espaldas, y bajaba así. Y esos pobres muchachos se aferraban a esta soga, y lloraban”.
Dijo: “¡Oh, Jocabed! ¿Qué podemos hacer, madre?” Dijo: “Nosotros somos el pueblo de Dios. Dios nos bendijo. Somos los hijos de Abraham, Isaac, y Jacob. Y ¿por qué tendríamos que ser esclavos aquí de estas cosas? Oh, es terrible como lloraban esos pobres muchachos. Oh, y yo oro y oro, y oro Jocabed, y parece como que Dios sencillamente no me escucha. Yo oro y oro, y Él parece como que se hace el sordo, Él no me escucha en lo absoluto. Parece como que a Él ya no le importa”.
“Ahora”, ella dijo, “mira, Amram, eso no parecen cosas tuyas. Tú eres un verdadero papá, y tú… Eso no es propio de ti, porque tú siempre nos estás animando a nosotros, diciéndonos que tengamos fe en Dios”.
“Oh, pero, querida, cuando yo oro tanto, y aun así Dios no me oye, y parece como que la cosa se pone cada vez peor. Entre más yo oro, peor se pone”.
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Pero muchachitos y muchachitas, ¿escucha Dios la oración? [Los muchachitos y muchachitas dicen: “Él oye la oración”.] Él oye la oración. ¿Contesta Dios la oración? [“Sí”]. Sí. ¿Contesta Él rápidamente? No todo el tiempo. ¿Verdad? No. A veces Él nos hace esperar. ¿Es correcto eso? [“Sí”]. Pero, Dios sí contesta la oración. ¿No es así? Y sólo porque todo esté yendo mal, eso no es señal de que debemos dejar de orar. Sencillamente seguimos orando, de todas maneras. ¿No es así? Eso es correcto. Ahora, Uds. respondieron bien. Dios contesta la oración. Digámoslo todos juntos. [El hermano Branham y la congragación dicen: “Dios contesta la oración”.] Sí. No importa cuáles sean las circunstancias, Él contesta, de todas maneras. Muy bien.
“Bueno, ¿vas a subir para orar otra vez?”
“Sí”. Y papá tenía un cuarto secreto allá arriba en el desván donde él iba para orar. Así que, él sube allí esa noche, se arrodilla al lado, él dijo… Miren, él dijo: “Jocabed, mira, anda y acuéstate, tú y los niños. No me molesten, porque hoy yo voy a orar quizás toda la noche”.
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Así que él se pone de rodillas, y ora y ora. Lo veo alzar sus manos, y decir: “Oh, Dios de Abraham, Isaac, y de Jacob, acuérdate de Tu promesa para con Tu pueblo. Acá estamos nosotros aquí en Egipto, y estamos en cautiverio. Y, oh, nuestros crueles capataces nos están obligando a hacer cosas, y nos golpean por todas partes, y nuestra pobre gente está completamente desnuda, y ellos nos están azotando con látigos. Y nosotros somos Tu pueblo. ¡Oh Dios, ciertamente Tú escucharás la oración! ¡Ciertamente Tú contestarás la oración! Y yo oro y oro y oro, y parece como que Tú ni siquiera me respondes. Pero, Dios, yo creo que Tú eres Dios, y que Tú finalmente contestarás la oración”. Y él siguió orando de esa manera, casi toda la noche.
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Y a la mañana siguiente, como a las tres o cuatro, él baja los pequeños escalones. Y él mira hacia adelante, y ahí estaba su encantadora esposita, la pequeña Jocabed. Ella estaba allí en la cama, dormida. Y el pequeño Aarón y la pequeña Miriam ya habían estado arropados en la cama, así que ellos estaban tan dormidos como podían estarlo, y durmiendo profundamente. Muy bien. Él le dijo a ella… Ella dijo: “Se hace tarde, y tú apenas estás…”
“Sí, yo oré toda la noche”. Sus ojos estaban manchados con lágrimas, porque él había llorado por el pueblo.
Y ella dijo: “Mira, Amram, tú no deberías preocuparte demasiado por ellos”.
“Mira”, dijo él, “escucha, querida, eso está bien, pero ahora mira. Tú tienes dos niños que criar aquí, y la carga es mía. Si alguien no ora por nuestro pueblo, ¿qué será de ellos? ¿Qué va a suceder si alguien no toma en serio al pueblo? Alguien tiene que orar”.
“Bueno”, ella dice, “Amram, la carga no es toda tuya”.
“Bueno, parece que sí lo es. Y de todas maneras, yo oraré, de todos modos, todo el tiempo”.
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Se va a trabajar ese día. Y cada día él viene y va, y la misma faena de siempre. Y él tenía un trabajo difícil. Ellos vaciaban mezcla en moldes bien grandes, y él tenía que pararse allí junto a ese horno enorme. Y cuando lo abrían, oh, vaya, casi le arrancaba el pellejo, ese calor tan horrible. Él metía esos ladrillos allí y los horneaba, luego los sacaba para construir caminos bien grandes y torres altas y enormes para dioses ídolos y lo demás. Y este verdadero hombre cristiano allí trabajando así, para el enemigo. Pero él era un esclavo, él estaba en cautiverio. Él tenía que hacerlo.
Todas las noches cuando él volvía a casa, oraba. Subía los escalones nuevamente, y oraba y oraba y oraba, y volvía a bajar. Y la cosa no mejoraba; seguía empeorando.
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Y un día mientras estaba en el trabajo, él oyó un rumor. Dijo: “¿Qué es eso? ¿Qué es eso? ¡Díganme!”. Alguien le susurró a otro. Después de un rato, antes de que el día terminara, ya se había regado por todo el país, lo que iba a suceder.
¿Qué era? Un concilio se iba a reunir esa noche. El rey Faraón, ese rey perverso, iba a convocar a toda su gente, y a llevar a cabo otro gran concilio. Así que ellos tuvieron esta gran reunión del concilio allí.
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Así que, esa noche él entró; oh, él estaba todo abatido. Él entra y su esposa le dice: “Amram, querido”. Ella salió a recibirlo en la puerta y le besó, y le dijo: “Tengo su cena muy sabrosa y calientita. Pero”, dijo, “querido, te ves tan pálido. ¿Qué te pasa?”
Dijo: “Oh, Jocabed, ¡si tú tan sólo supieras lo que está sucediendo! ¡Oh, está peor que nunca!”
“¿Qué?”
“Sssss, no te pudo decir, los niños están cerca. Espera hasta después de la cena, y te contaré al respecto”.
“De acuerdo”.
Así es que, ella tenía lista la cena. Y sirvió la cena, y llevó a todos los niños y los acostó. Entonces, ellos entraron. Él dijo: “Jocabed, quiero decirte algo”. Dijo: “Está sucediendo una de las cosas más horribles”.
“¿Qué?”
Dijo: “Ellos van a celebrar otro concilio hoy… O, esta noche. Y cuando lo hagan, ellos van a poner alguna otra carga sobre nosotros”.
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Así que, entonces, vayamos al palacio del rey. El rey Faraón los saca a todos ellos allí afuera, y dice: “Muy bien, ¡todos Uds. generales! ¿Qué pasa con Uds. aquí? ¡Yo di mis órdenes aquí! ¡Este pueblo está aumentando todo el tiempo! ¿Qué es lo que pasa? ¿Acaso no podemos detener esto?” Dijo: “Algún día vendrá otro ejército aquí. Y todos estos enemigos nuestros de allá de Gosén, estos Israelitas, se unirán con este ejército, y nos vencerán. Y nuestra gran economía será derribada, nuestro gran reino será destruido. Ellos nos matarán. ¿Qué pasa con Uds.? ¡Alguien, que hable! ¿No tienen Uds. nada que decir?” Oh, él era malo y grosero. Todos los generales estaban temblando.
Uno de ellos se levantó y dijo: “Que viva el rey Faraón”.
“Pues, ¡di lo que vas a decir!”
Dijo: “Viva el rey. Su alteza, señor”, dijo, “yo pido que Ud. ponga más cargas sobre el pueblo”.
“¡Tú cabeza de chorlito! Uds. ya pusieron suficientes cargas sobre el pueblo, y con todo eso ellos aumentan. Pues, si esas son todas las ideas que tú tienes, rérvatelas!” Oh, él estaba bien enojado.
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Al poco rato uno se levantó, con una gran sonrisa en el rostro, igual que el diablo. Y él dijo: “Viva el rey Faraón”. Dijo: “Yo tengo la idea correcta”.
Dijo: “Bueno, ¡habla pues! ¡No te quedes parado así!”
Él dijo: “Le diré lo que podemos hacer”. Dijo: “Ud. sabe, este pueblo está aumentando tan rápido”.
“¡Sí, eso es correcto!” Dijo: “Algunas de esas personas tienen hasta catorce hijos, algunas veces ellos tienen veinte hijos. Y nuestro pueblo no tiene sino quizás uno solo”. Dijo: “Ellos están aumentando tan rápido, que sencillamente están abarcando todo el país”.
Vean, Dios estaba haciendo algo. Vean, Dios siempre engaña al diablo, (¿ven Uds.?), ¿Ven? Él sabe lo que está haciendo. ¿Ven? Y todas esas mujeres teniendo montones de hijos.
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“Pues”, él dijo, “¡viva el rey! Bueno, le diré qué. Cada vez que una mujer dé a luz un bebito varón… Vayan por el país aquí y consigan unas mujeres, que no sean madres (¿ve?), mujeres que nunca tuvieron hijos, mujeres que no quieren hijos y que no aman a los niños, esas brujas con la nariz larga. Vea, ¡entre más larga sea la nariz, mucho mejor! Con dedos largos y caras pintadas, y tráiganlas. Ellas no saben lo que es el amor de madre. Y, entonces, cuando esté naciendo un bebito varón, pues, que ellos vayan y agarren a ese bebito varón y lo saquen, y estrellen su cabeza contra la pared, y lo arrojen hacia atrás en la casa a la madre así. Que lo lancen en un pozo grande. Oh, mejor que eso, que lo saquen, y le amarren las manos y los pies. Que lo arrojen y engorden a los cocodrilos. Esa es la manera de deshacerse de él. Entonces ellos no aumentarán mucho, porque no habrá ningún hombre que quede - matando a todos los bebitos varones”.
“Oh”, Faraón dice: “¡Qué bueno! ¡Esa es una buena idea!” ¿Pueden ver cómo es el diablo? Él es perverso, ¿no es así? Dijo: “¡Esa es la cosa por hacer! Anda y busca… Mira, siendo que tú tuviste la idea, yo te haré a ti el supervisor de eso. Anda y busca a todas las mujeres que conozcas, que nunca han sido madres, y que no aman a los niños”.
Vean, se requiere una madre para amar a un niño. ¿Uds. recuerdan cómo la madre de Uds. los amó? Bueno, (¿ven?), la madre ama al bebito.
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Pero ellos tenían que conseguir a alguien que no tuviera hijos, que no quisiera hijos, mujeres verdaderamente malas. Y dijo: “Haz las policías. Y cuando las hagas policías, dales órdenes para que puedan entrar en cualquier casa que quieran, y saquen a cada niñito y le estrellen la cabeza contra la pared, y se los den a los cocodrilos para que se lo coman. ¡Todos los niñitos!” ¡Oh, cuán cruel! Entonces ¿saben Uds. lo que ellos hicieron?
“¡Muy bien, qué bueno!”
50
Entonces al día siguiente cuando Amram estaba allá trabajando, él escuchó que habían hecho ese edicto. Y, oh, él se va a casa. Él dijo: “¡Oh, Jocabed! Oh, cariño, déjame decirte algo. ¿Tú sabes cuál fue esa orden que dieron? De matar a todos los niñitos varones”. Y él le dijo a ella. Dijo: “Oh, yo simplemente no puedo soportarlo”. Y subió nuevamente las escaleras, para orar. Esa noche él oró como nunca antes.
¿Debemos nosotros seguir orando? ¡Oh, sigan orando! ¿Es correcto eso? Sólo sigan orando, no importa lo que suceda. ¡Sigan orando!
Ahora, y de repente, él oró toda la noche: “¡Oh Dios, sé misericordioso! ¡Ayúdanos, Dios! Te rogamos que nos ayudes de alguna manera”. Y bajó otra vez, a eso del amanecer.
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Día tras día, y, ¡oh, qué lamentos por todo el país! Todos los días él escuchaba madres gritando, de punta a punta por las calles. Ellos les quitaban a esos bebitos de los brazos… O, mejor dicho, bebitos varones pequeñitos. Esas viejas brujas entraban allí y, tomaban sus piecitos, y los golpeaban contra la pared y los mataban, y los arrojaban a los cocodrilos. La pobre madre se ponía sobre sus rodillas, y lloraba: “¡Oh, no se lleven a mi bebé! ¡No se lleven a mi bebé!” Y, ¡Oh, qué tiempo tan terrible estaban pasando!
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¿Uds. saben cómo la madre ama a los bebitos, cómo ella los acaricia en la barbilla? Uds. recuerdan cómo su mamá los tomaba a Uds. y los lavaba, y los besaba, y les decía lo lindo que Uds. eran. Y cómo ellas los llevaba a la cama en la noche. Y, oh, si Uds…. una puerta pequeña estaría abierta, una pequeña corriente de aire pasando, algo así, oh, vaya, y ella corría rápidamente y cerraba la puerta, cubría al niñito, y, Uds. saben, ella lo agarra. Ella los amaba a Uds. ¿Ven? Ella los amaba. Oh, ella amaba a esa pobre criatura que Dios le había dado, que era indefenso y no podía valerse por sí mismo, así que ella amaba a ese bebito. Y ella sencillamente besaba a sus niñitos y jugaba con ellos, por cuanto ella era una verdadera madre. ¿Ven?
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Pero estas mujeres que mataban a los bebés, ellas no supieron lo que era el amor materno. Ellas no fueron madres. Todo lo que ellas pensaron, lo que tenían en la mente era una gran diversión, cosas del mundo. Así que ellas entraban y mataban a esos pequeños bebés. Uds. son demasiado jóvenes para saberlo, pero eso todavía está sucediendo. Correcto. Ahora, Uds. los adultos saben de lo que yo estoy hablando. Eso es correcto, ¡hay tanto de eso! Oh, Ud. dice: “Yo no toMiriam…”Pero el caso del aborto es la misma cosa. Muy bien. Pero ¿ven Uds.?, ellas no saben lo que es el amor de madre. Ahora, Uds. saben a lo que me refiero cuando digo: “¡Verdaderas madres!”. Eso es correcto. No es distinto; ¡es el mismo diablo! Así que allí, el sólo pensar de las miles y miles y miles de veces, cada año. Es tan malo como lo fue en Egipto, o peor. ¡Allí!
Entonces ellas entraban, ellas no tenían ningún amor de madre, así que tomaban a esos bebitos y los mataban. Oh, aquello empeoraba cada vez más. Y un día llegó otro rumor: ellos iban a tener otra reunión.
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Faraón convocó a todos sus consejeros, y a todos ellos juntos. Ellos llegaron allí. Dijo: “Muy bien, ¡ellos todavía están aumentando! ¿Ahora qué haremos al respecto?”
Y ese mismo individuo astuto, con cara de diablo, se levantó y dijo: “Viva el rey Faraón. Yo tengo la idea. Mire, Ud. tiene trabajando a los hombres. Ud. los hace producir un horno de ladrillos, tantos cada día, los hace fabricarlos de paja. Ud. ha matado a los niñitos y demás, pero ellos siguen aumentando. La cosa que Ud. debería hacer, es poner a trabajar a las mujeres también. Si Ud. pone a trabajar a las mujeres, entonces ellas no…” Ahora, ese no es el lugar de una mujer. No. Así que él dijo: “Pero ponga Ud. a trabajar a las mujeres, y póngalas allí, y que ellas también fabriquen ladrillos. Y entonces ellas estarán tan cansadas cuando lleguen a casa, que no podrán prepararle la cena a sus esposos, ellas no podrán ser una buena mamá. ¿Ven? Y entonces si ellas van a trabajar y siguen así, ellas no serán capaces de hacerlo. Así que, Ud. póngalas a trabajar también”.
“¡Qué bueno! Vaya, tú eres un hombre sabio”. Así que él pone a trabajar a todas las mujeres.
55
Y aquí viene el pobre Amram, llega esa noche y dice: “Oh, Jocabed, yo no sé qué vamos a hacer. Ahora ellos están poniendo a trabajar a todas las mujeres. Déjame decirte, ¡oh, yo sencillamente no sé qué hacer! Nosotros sólo somos… somos esclavos, y estamos empeorando cada vez más. Yo predigo esto: si Dios alguna vez hace algo por nosotros, será después de que todos estemos muertos”.
Ahora, Dios no espera así. ¿Verdad? No. Dios simplemente nos observa a veces. ¿No es así? Muy bien.
Así que entonces, esa noche, él dijo: “¡Voy a subir a orar como nunca antes he orado!”.
Ahora, así es como se ora. ¿No es cierto? Ore como Ud. nunca ha orado, ¡sea verdaderamente sincero! Vean, si Ud. sólo va y dice: “Señor, bendice a fulano y a zutano”. Dios no toma mucho interés en eso. ¡Pero cuando Ud. verdaderamente es sincero! Cuando Uds. muchachitos y muchachitas oren, ¡sean sinceros! ¿Hacen Uds. eso en la escuela? ¿Les piden Uds. a Dios que los ayude en la escuela? Cuando Uds. van a la escuela, y no sacan muy buenas calificaciones, ¿van Uds. y dicen: “Dios, yo quiero que Tú me ayudes?”
56
¿Oran Uds.? ¿Cuántos muchachitos y muchachitas oran? Veamos sus manos. Oh, qué bueno. Ahora, eso está bien. ¿Tienen Uds. un lugar secreto donde Uds. van a orar, donde mamá y papá ni siquiera los ven a Uds.?¿Oran Uds. así? ¿Oran todos Uds. así? ¿Tienen un lugarcito adonde Uds. van y oran, y ofrecen su pequeña oración? ¿La ofrecen Uds. todas las noches antes de acostarse? ¿Y cuando Uds. se levantan en la mañana, y demás? Oh, qué bueno. ¿Cuántos otros niñitos y niñitas, levanten su mano, que oran, por todo el edificio? ¡Oh, qué bueno! Bueno, miren, eso está bien. Eso muestra que Uds. tienen una verdadera madre y padre que los enseña a Uds. a hacer estas cosas. Ahora, miren, cuando Uds. realmente están necesitados, será mejor que oren con toda sinceridad. ¿No lo han hecho Uds.?
57
Así que, el pequeño Amram sube las escaleras. ¡Oh, vaya! Él no quiso cenar. Él dijo: “Es una lástima. ¡Oh!”.
“Oh”, ella dijo, “tú debes cenar, papá”.
“Sencillamente no puedo hacerlo, Jocabed. Yo sencillamente no puedo hacerlo”.
“Oh”, dijo, “pero tú estás perdiendo peso, estás nervioso, y tienes el rostro pálido. Estás vomitando tu comida, y lo demás”.
“¡Oh, yo no sé qué hacer! Pero”, él dijo, “querida, si alguien no toma al pueblo en serio, si alguien no ora por el pueblo, ¿qué haremos? Nosotros estamos empeorando. ¡Ciertamente, en algún momento, Dios oirá!”
Sí, eso es correcto. Eso es correcto. Dios oirá. ¡Ud. entre en seriedad y manténgase allí!
58
Oh, esta vez él sube las escaleras diferentes. Esta vez cuando él sube las escaleras, él se arrodilla, alza sus manos en el aire y grita: “¡Dios, yo te estoy hablando a Ti ahora!”. Amén, ¡entrando en seriedad! “Dios, Tú tienes oídos, y Tú puedes oír. Tú tienes ojos, y Tú puedes ver. Tú tienes una memoria, Tú conoces Tu Palabra. Tú conoces Tu promesa. ¡Yo te suplico, Dios, que mires para acá abajo! El Dios de Abraham, Isaac, y Jacob, que Tu pueblo está en angustia, y están muriendo. ¡Dios, haz algo por nosotros! ¡Te necesitamos de inmediato! Necesitamos tenerte a Ti o pereceremos. Te necesitamos. Te necesitamos, si es que queremos vivir”. Eso es cuando Uds. realmente oran. ¡Oh, él oró!
59
Uds. saben, algunas veces la gente cuando ellos oran, se cansan. ¿No se cansan Uds. mamá y papá? ¡Oh, se cansan mucho! El hermano Branham algunas veces se cansa tanto que casi me desmayo cuando me pongo a orar tanto tiempo; me pongo tan débil, estoy sin comer, y demás, durante días; y oro y oro y oro, y predico, y sencillamente llego a un lugar en que casi me desmayo. A veces la gente se pone así. Ese no es el momento de darse por vencidos. ¡Siga adelante! ¡Dios contestará! Sí, señor. ¡Manténgase aferrado! Sí, señor.
60
Así que él sube los escalones crujientes. Y puedo ver a Jocabed pasar por allí, y decir: “Oh, Amram, no. Cariño, yo… yo creo…”
“Ahora, Jocabed, mira, tú eres una fina y adorable…” Ella era hermosa, una madre hermosa y bonita. Y él seguía haciendo, siguió haciendo, la acarició a ella así. Dijo: “Mira, mamá, regresa y acuesta a Aarón y a Miriam. Y yo voy a orar. Y mira, si me oyes llorando, no subas”.
“Bueno, pero, Amram, ¿qué vas a hacer, cariño? Tú casi estás muerto”.
61
“Sí, pero yo tengo la carga del pueblo en mi corazón. Tengo que hacer algo al respecto. Tengo que permanecer sobre mis rodillas. Y así que todo el pueblo…” Él dijo: “Hoy, solamente hoy, allá en el cerro de ladrillos, yo estaba allá abajo, y seguía diciendo: 'Bueno, hijos, ¡Dios escuchará!' Y un hombre grandote se acercó, puso sus manos sobre sus caderas, y dijo: '¿Cuándo escuchará Él? ¿Cuándo escuchará Él?' ¿Ven cómo la gente aun se están volviendo amargados? Ellos se están volviendo contra Dios, porque ellos oran y oran y oran, y nada sucede. Y éste ora y ora y ora, y nada sucede. Y todos los sacerdotes dicen: 'Los días de los milagros ya pasaron, y la única cosa que podemos hacer es someternos a esos capataces que adoran paganos… o mejor dicho, dioses paganos, y así sucesivamente. ¿Y qué podemos hacer?' Pero él dijo: ”¡Pero yo creo en Jehová! ¡Amén! ¡Yo creo que Él todavía contesta la oración!“
¿Creen Uds. eso? ¿Uds. lo creen? ¡Amén! todos los que creen eso, digan: “Amén”. ¡Todavía contesta la oración! Muy bien.
62
Ese cuerpecito frágil que había perdido mucho peso, él sube los escalones crujientes. Va allí y se arrodilla y dice: “¡Oh Jehová!” ¡Oh, él oró como nunca antes había orado! Él dijo: “¡Jehová, mira aquí! Tú eres un Dios real. Nosotros creemos que Tú tienes oídos. Nosotros creemos que Tú tienes ojos. Y Tú conoces todas las cosas. Y nosotros creemos que Tú eres el Dios de los Hebreos, y nosotros somos el pueblo de la promesa. Nosotros creemos que Tú cumples Tu Palabra”. Dijo: “Mira estos paganos aquí, cómo ellos están tomando nuestro trabajo barato, y construyendo grandes carreteras e ídolos, y todo. Tú, Jehová, ¿te quedarías Tú sentado en el cielo y dejarías que los paganos gobiernen sobre Ti? Yo no creo que Tú lo harás”. ¡Amén!
63
¡Yo todavía no creo que Él lo hará! ¡Amén! Cuando el diablo venga; ¡Dios todavía es Dios! ¡Correcto! Él no permitirá que el diablo haga eso. Yo creo que es el día cuando la moda y tonterías, y toda esta bobería está aconteciendo; ¡pero Dios aún reina y Él todavía es Dios! ¡Correcto! Lo que necesitamos es alguien como Amram, que tenga la carga en su corazón, que permanezca allí y ore intensamente, hasta que los cielos se abran allá, Dios descienda y conteste la oración. Amén.
“Ahora, mira aquí”, él dijo: “Dios, ¿permitirás Tú que los paganos se burlen de Tu pueblo así? Han pasado semanas, meses, y años. Nosotros oramos constantemente. Las lágrimas bañan nuestros…”
[Cinta en blanco]...
“Oh Dios, ¿permitirás Tú semejante cosa?”
64
Yo me pregunto hoy, cuando miles de bebitos son lanzados a los ríos y alcantarillas, y no se les permite vivir, y se practican los abortos y todo lo demás; oh Jehová, ¿permitirás Tú que tal cosa continúe? Hoy, cuando el whiskey y la cerveza, y la vida nocturna, y todo, está clamando. Y aun el púlpito se ha vuelto tan débil que ellos temen decir algo al respecto. Jehová, ¿permitirás Tú que semejante tontería continúe?
Él contestará algún día. Oh, Su ira es terrible cuando viene. Sí, señor. Mujeres saliendo y haciendo que sus bebés mueran; un cenicero para depositar la ceniza, y todo lo demás. Y la gente lleva a sus niñitos a las cantinas, muchachitas y muchachitos sentados allí, de seis u ocho años de edad, bebiendo, y cosas así. Y la nación legalizándolo, y que está bien. ¡Oh, qué cosa! ¿Piensan que Jehová no ve eso? Cuando ellos aun se están burlando de la gente que realmente están bien con Dios. Todas estas cosas aconteciendo, haciendo burla. Manténgase aferrados, sólo manténganse aferrados. Jehová contestará. No se preocupen. Muy bien.
65
Seguimos un poco más. Lo encontramos a él allí arriba orando. Y él llega a estar tan cansado que se acuesta. Él ora hasta que sencillamente cae al suelo. Él no puede seguir más, y tomó una pequeña siesta. Luego despertó. “¿Qué sucede? ¡Mira aquí alrededor! ¿De dónde viene esa Luz? Oh, mira, parada allí en el rincón”. Allí estaba parado un Ángel, Su espada colgando allí a Su lado. Oh, él miró otra vez, y se frotó los ojos. Él se acercó sobre sus rodillas, y dijo: “Señor. Oh, oh, ¿qué… qué quieres Tú de mí?”
66
Él dijo: “Amram, yo soy el Ángel de Dios. He sido enviado desde el cielo para decirte que Dios ha escuchado tus oraciones. Y yo he venido para decirte que Él va enviar un libertador. Él se acuerda de todas Sus promesas”. Miren, yo veo al Ángel mirarlo, Él está desenvainando Su espada y la apunta hacia el norte. Amram se quedó mirando. Él dijo: “Exactamente hacia la punta de esta espada está la tierra prometida. Y yo le prometí a Abraham, Isaac, y Jacob, vuestros padres, que Uds. heredarían esa tierra. Y yo he escuchado el gemir del pueblo, he escuchado el clamor de los hijos de Israel, y he descendido. Y yo quiero que sepas que tú vas a desempeñar un papel muy importante en esto, Amram, por cuanto tú fuiste fiel en la oración. Tú fuiste fiel en tu casa. Y como por este tiempo el año que viene, Jocabed, tu adorable esposita, va a abrazar un bebito varón. Y ese varoncito va a ser un libertador”. ¡Gloria!
67
Él dijo: “Oh, sí. Sí. Oh, sí. Sí. Oh, Él es tan hermoso”. Él miró, miró, y el Ángel empezó a elevarse. Pareció como que el cielo entero se abrió, y Él salió de la habitación. Él esperó un ratito. Dijo: “Oh, yo no estoy fuera de sí”.
Bajó rápidamente las escaleras y dijo: “¡Jocabed! ¡Jocabed, ven rápido!”
Dijo: “Sí, ¿qué pasa, querido?”
Dijo: “¡Ponte de pie!” Y la luz de la luna brillando en la ventana, ella se veía hermosa. Y él dijo: “Acabo de ver a un Ángel de Dios, y Él me dijo todas estas cosas”.
“Oh, ¿cómo lucía Él?” dijo la madre. “¿Cómo lucía Él?”
Dijo: “Oh, Él era hermoso. Él traía puesto un manto brillante. Sus ojos destellaban. Él tenía una espada en la mano, y la apuntó hacia el norte. Y Él dijo que nosotros íbamos a tener un bebé como en este tiempo el año que viene, y que este niñito iba a salir y ser un conquistador, y que iba a libertar a Su pueblo. ¡Oh, aleluya, Jocabed!
68
Y él se fijó que ella estaba callada. Su rostro, su mirada estaba fija, sus grandes ojos se quedaron mirando. “Jocabed, ¿qué te pasa?”
“¡Oh, Amram! ¡No, no, no! ¿Tendremos un hijo varón?”
“Sí”.
“Oh, no puede ser. ¿Sabes qué? Oh, si tú nunca hubieras tenido esta visión. ¿Sabes qué?, Faraón está matando a todos los niñitos”.
“Sí”. Pero, tú sabes, si Dios nos da este bebé, Dios cuidará del bebé. ¡Amén! Dios lo prometió. Dios cuidará de él“.
Bueno, al día siguiente él va a trabajar. Y todos los hombres allá, ellos se fijan bien en Amram. En lugar de llegar, Uds. saben, todo cabizbajo y preocupado; tenía sus hombros erguidos, decía: “Pásenme más ladrillos. ¡Vamos pues, vámonos!
“¿Qué pasa?”
“¡Gloria a Dios! Dios va a contestar la oración”.
“Oh, no”.
69
Uds. saben, lo hace sentir bien a uno cuando uno obtiene una respuesta. ¿No sabemos eso nosotros, papá y mamá, cuando Dios nos da una respuesta? Uno no tiene que ver una visión. Sólo saber que la respuesta está allí, eso es todo. Eso es todo, simplemente el saber que la respuesta está allí.
Ahora, escuchen atentamente ahora. Quiero que escuchen lo que sucedió. Ahora, Uds. saben, al poco rato, le dijeron: “Muy bien, Amram, ¿qué te pasa?”
“¡Dios va contestar la oración! ¡Dios va contestar la oración!”
“Bueno, ¿cómo va Él a contestar la oración?”
“Eso no tiene nada que ver”.
El anciano se acercó y le dijo: “Mira, ¿cuándo crees tú que Él contestará?”
“Bueno, no te voy a decir, porque a fin de cuentas tú eres un incrédulo. Pásame más ladrillos”. Los arrojó allí adentro así. No, señor. A uno no le importa; uno no tiene que decirle todas las cosas a los incrédulos. ¿Verdad? No tiene nada que ver. No, señor. Ciertamente que no: “Pásame más ladrillos. ¡Aleluya! ¡Va contestar la oración!” Así es como uno se siente cuando sabe que va a ocurrir. ¿No es así? Sí, señor.
“Bueno, ¿cómo va Él a hacerlo?”
“Tú no lo sabes, de todos modos, así que sólo sigue pasando ladrillos”. Los metió todos allí adentro, puso todos los ladrillos allí adentro.
70
Y esa noche él se fue a casa, dijo: “¡Oh, Jocabed, piénsalo, nosotros vamos a tener un bebé! ¡Oh, y él va a ser el libertador! Dios lo va a enviar a él. Oh, va a ser maravilloso”.
“Oh, pero yo soy tan…”
“¡Oh, ya deja de preocuparte! ¡Oh! Dios está escuchando en el otro extremo ahora. Dios tiene oídos, Dios puede oír. Dios tiene manos, Él puede libertar”. Así que, oh, él tenía mucha fe.
Ud. sabe, cuando Ud. ora intensamente y obtiene una respuesta, Ud. realmente obtiene mucha fe entonces. ¡Oh! ¿Alguna vez oró Ud. por algo que Ud. sabía que Dios lo iba hacer por Ud.? ¿Uds. niñitas hacen eso, y los niñitos? Seguro. Es allí que Uds. saben que eso va a suceder. Muy bien.
71
Pasa un año completo. Y de repente, aquí llega Amram del trabajo un día. ¿Qué sucedió? El bebé más lindo… oh, él era una lindura, como de este largo. Y entonces ella lo levanta y se lo entrega a Amram. Y él lo besa, Uds. saben. Él lo ama. ¿Ven? Y la madre lo estaba cargando. ¡Oh, qué tesoro! Ella dijo: “Oh, pero tú sabes, yo estoy muy asustada. Este niñito, él es una criatura tan dulce”.
¿Y saben qué? La Biblia dice que éste fue el niño más hermoso que alguna vez había nacido. Ahora, yo sé que las madres no estarán de acuerdo conmigo en eso. Ellos pensaban… la madre de Ud. pensó que Ud. era el niñito más hermoso. ¿No es cierto? Sí. Ella tiene el derecho de pensar así. Pero la Biblia dice que este era un niñito hermoso. Oh, él era una joya. Dios tenía Sus manos sobre él, Uds. saben. Así que, ¡oh, él era la criatura más linda! Él se acostaba allí, y él sólo hacía una pequeña sonrisita, sin dientes.
72
¿Tuvieron Uds. algún hermanito, y ellos, cuando él no tenía ningún dientito, y sólo sonreía así? Y de repente, Uds. saben: “¡Wah!”
“¡Oh, vaya, Dios mío! ¡Fiu! ¡Muchas brujas escondiéndose!”
“¿Qué pasa? ¿Qué estás haciendo?”
“Llevándolo abajo. Tú sabes cuál es la orden. ¿Ves?, si esas brujas de nariz larga pasan por aquí, ellas tomarán a nuestro bebé y lo matarán. Correcto. No podemos dejarlo llorar”. Así que, oh, éste necesitaba un poco… necesitaba desayuno o cena. Así que la madre se lo lleva al rincón, lo amamanta, Uds. saben. Y entonces, él ya está bien.
73
Así que, un par de noches después de eso, ellos estaban jugando con él. Y, “wah”, él hizo otra vez, Uds. saben, comenzó a llorar. Y ella se fue rápidamente, y se escondió, lo escondió rápidamente así. Y abajo, muy abajo en la parte de atrás, en la pared, Amram había arreglado un lugarcito donde podía esconder al bebé.
Y luego de repente, ellos escucharon algo en el piso de arriba hacer… [El hermano Branham toca en el púlpito.] “¡Fiu! ¡Vamos!” Todos corrieron a un solo lugar, dijeron: “Son ellas. Son esas brujas”. ¡Esos dedos largos con las uñas pintadas! Y Uds. saben, las brujas miraron allí abajo. Y se asomaron por la ventana, dijeron: “Sí, son ellas. Están paradas allí”.
[El hermano Branham toca en el púlpito.] “¡Abran la puerta!” Amram salió, abrió la puerta y dijo: “¿Qué desean?”
“Tú tienes un bebé aquí adentro, y nosotras lo sabemos. Y vamos a llevárnoslo”.
“Nosotros no tenemos ningún bebé que darles”. (Así era).
74
“De todas maneras vamos a entrar para mirar. Nosotras somos policías. ¿Ves nuestras placas?” Y ¿no es eso algo terrible para una mujer ser? Pero, “Nosotras somos policías. ¡Tenemos nuestros derechos de parte de la autoridad!” Uds. saben, nosotros las tenemos a ellas aquí hoy. Y así que, entonces ellas agarran y entran. Pasan y voltean el sofá, y abren todas las gavetas y sacan y riegan todo en el piso, y sacan todas las ropas de cama y las sacuden, y suben la escalera y encuentran donde papá tenía un lugarcito secreto. Buscaron por todos lados, pero no pudieron encontrar al bebé.
75
No pudieron encontrar al bebé, así que se acercaron a la mujer, y la pobre Jocabed parada allí, su rostro estaba blanco. Ellas se acercaron y dijeron: “¡Miren aquí! Nosotras sabemos que tú eres madre. Lo sabemos por tu apariencia. Sabemos que tú eres una madre que está amamantando, y sabemos que ese bebé está aquí. Regresaremos. ¡Lo atraparemos!” Y salieron por la puerta. Tiraron la puerta y salieron.
Ella dijo: “Oh, oh, ¿qué podemos hacer? ¿Qué podemos hacer?”
Entonces Amram dijo: “Orar”. ¿Es esa la cosa por hacer? ¿Es esa la cosa? “¡Orar! Oremos”.
“¡Oh, oh, oh! Yo no sé qué hacer. ¡Oh!”
Entonces, él dijo: “Ahora, mira, tranquilízate, y ve y amamanta al bebé otra vez. Yo voy a subir para orar”.
76
Entonces, él sube las escaleras y ora. Él dijo: “Jehová, Tú tienes oídos. Jehová, Tú tienes ojos. Jehová, Tú puedes oír. Tú puedes contestar la oración. Tú nos diste este bebé. Tú nos diste Tu promesa. Y Tú cumplirás Tu promesa, y Tú guardarás a ese bebé. ¡Y yo estoy confiando!”
Después de orar, quedó tan cansado que se desplomó así y se quedó dormido. ¡Él estaba tan cansado! Trabajó todo el día, y orando toda la noche. Él estaba cansado. Y entonces, ¿saben Uds. qué sucedió? Él se quedó dormido y tuvo un sueño.
77
Uds. saben, Dios habla en sueños, también. ¿No es verdad? Seguro, Él sí habla. Sí, Él habla. ¿Ven? Y Él habla en sueños.
Oh, él despertó. Dijo: “¡Eso es! Yo debí haber pensado en eso. Eso es lo que yo debo hacer. No diré nada acerca de esto”.
Él bajó las escaleras y dijo: “¡Jocabed!”
“¿Sí, querido? Oh, yo estoy tan cansada. No puedo dormir”.
“Oh, vete a dormir. Vete a dormir. Todo ha terminado”.
“¿Cómo lo sabes?”
“Oh, yo sencillamente lo sé. Yo tengo la confianza”.
78
En lugar de papá subir esa noche para orar, él bajó al sótano. Él estuvo ocupado allá abajo. Me pregunto qué estaba él haciendo. Bajemos sigilosamente allí y veámoslo. Lo veo allí abajo, haciendo… [El hermano Branham empieza a tararear, y golpea a medida que imita estar construyendo algo.] “Pum, pum, pum”. [El hermano Branham tararea.] Toma su junco y mira bien, lo tuerce para ver si está bueno. [El hermano Branham tatarea.] El pequeño Aarón salió ese día, y recogió una brazada de ellos, los puso en el sótano, Uds. saben. [El hermano Branham tararea.] “Dios cuida de ti”. [El hermano Branham tararea.] “¡La religión antigua, es toda verdadera como el azul del cielo!” [El hermano Branham golpea sobre algo.]… las amarras alrededor.
Ella dijo: “Amram, ¿qué te pasa?”
“¡Aleluya! Nada, querida. Sigue”.
[El hermano Branham tararea.] “Es la religión antigua”. [El hermano Branham nuevamente golpea.] “Es la religión antigua”. Voy a poner esto por aquí, tú sabes. “Es la religión antigua”. “Sssssss”, la sella toda. “¡Y es lo suficientemente buena para mí! Dame esta antigua…” Él estaba haciendo algo.
79
Uds. saben, después de que pasó una o dos semanas, de repente, ellos se preguntaban qué estaba él haciendo. Así que, una noche cuando todos estaban dormidos, él sube las escaleras y trae esta cosita, Uds. saben, y la sube así. Y él la lleva arriba. Levanta la sábana donde su esposa Jocabed está durmiendo, y él la mete debajo de la sábana. Y el pequeño Aarón y la pequeña Miriam estaban dormidos, Uds. saben. Oh, ella era una lindura, esa muchachita, y también lo era el pequeño Aarón. Así que, él la metió allí debajo. Él dijo: “Jocabed, querida”.
Ella dijo: “¿Has estado en el sótano orando a estas horas de la noche, Amram?”
Dijo: “No. Yo he estado en el sótano, alabando a Dios”.
Dijo: “¿Qué has estado haciendo?”
Dijo: “Yo quiero decírtelo. Mira, tú sabes que esas brujas van a regresar”.
“Sí”.
“Y yo quiero decirte lo que vamos a hacer. Ya hemos tenido al bebé por tres meses, y tenemos que deshacernos de él”.
“¡Oh, Amram! ¿Qué tú tienes que hacer qué?”
“Tenemos que deshacernos del bebé”.
“¿Deshacerte del bebé?”
“Sí”.
“¡Oh, tú eres cruel!”
“No, yo no soy cruel. No, no, no. Yo sé lo que estoy haciendo”.
“¿Qué quieres decir? Pues, tú serás tan malo como Faraón. ¿Qué vas a deshacerte de nuestro bebé?”
“Sí, vamos a deshacernos del bebé”.
“¡Oh, nosotros no podemos!”
“Ahora escucha. Si nosotros lo guardamos, vamos a perderlo. Pero si se lo damos a Aquél que nos lo dio a nosotros, Él lo encontrará”. ¿Es correcto eso? “Ahora, si tú lo guardas, vamos a perderlo”.
“¿Cómo lo vas a perder?”
“Pues, esas brujas van a venir y se lo van a llevar”.
80
Y miren, si Uds. guardan esa alma y van y viven como el mundo, Uds. la van a perder. Las brujas del infierno están tras Uds. Y eso es correcto. Toda esta locura del mundo y cosas allá afuera, están en pos de Uds. Si Uds. la guardan, la perderán; pero si Uds. se las dan a Aquél que se las dio a Uds., Uds. la encontrarán y la preservarán. Miren, ¿cómo es? Si nosotros la guardamos, ¿qué hacemos? [Los niños dicen: “La perdemos”.] La perdemos. Si se la entregamos a Cristo, nosotros, ¿qué? La preservamos [“La preservamos”.] ¡Amén! Qué bueno. Ahora sí responden correctamente.
Ahora, él dijo: “Jocabed, vamos a perderlo si lo guardamos. Así que, si se lo devolvemos a Aquél que nos lo dio, entonces lo preservaremos”.
81
Ahora bien, Uds. tienen un alma. Y, papá y mamá, Uds. igual. Pero si Uds. la guardan, van a perderla. Eso es correcto, las brujas del infierno se la llevarán. ¡Ellas la andan buscando! Pero si Uds. la devuelven a Aquél que se la dio a Uds., Uds. la preservarán para vida eterna. ¡Aleluya! ¡Amén! Discúlpenme, niños, yo sencillamente soy lo suficientemente anticuado como para gritar. Si Uds. la guardan… Digámoslo, todos juntos. [El hermano Branham y la congregación dicen juntos: “Si la guardamos, la perderemos. Si la devolvemos a Aquél que nos la dio, la preservaremos”.] Amén. Ahora recuerden, entréguensela a Él.
Ahora, vigilemos. Oh, ella comenzó a llorar, dijo: “Oh, ¿qué vas hacer tú con él?” Ella dijo…
“Mira aquí, quiero mostrarte algo”.
“¿Qué tienes allí debajo de mi cama?”
Dijo: “Déjame mostrarte”. Y él la sacó.
“¡Oh, es una pequeña canasta de junco!”
82
Es un pequeño barco, es lo que es eso. No tiene timón, y no tiene velas, no tiene cañones, y sin embargo va a transportar la carga más preciosa que jamás ha sido transportada por un barco, hasta ese tiempo. ¡Sí! No tiene capitán ni ninguna tripulación. ¡Hermoso, yo conozco un Barco así para un adulto, también!
“Oh, ella dijo: 'Amram, déjame mirarla nada más. Amram, déjame verla'”. Ella se acerca allí.
Dijo: “Mira aquí, yo tengo una pequeña tapa en ella. ¿Ves?, tú levantas la pequeña tapa”.
Dijo: “¡Fiu! ¡Apesta! ¡Uh! ¡Fiu! ¡Caramba!”
Él dijo: “Sí, apesta”.
“¿Por qué?”
“Yo la llené de brea. Está toda calafateada, por todas partes”. Brea es asfalto, Uds. saben. Así que ellos le pusieron brea por todas partes. Eso era lo que él estaba hirviendo allá abajo, y la vació por encima de estos juncos. Él la había calafateado. Dijo: “¿Ves?, el agua no se le puede meter entonces. ¿Ven?, ella está toda sellada”. Y dijo: “Y no puede entrar en ella, osea el agua. Yo le unte brea”.
Dijo: “¡Fiu! ¡Huele mal!”
83
Uds. niños saben lo que es asfalto, cuando ellos arreglan las calles, (¿no es así?), ¡ese olor tan terrible! Pero eso mantiene… Tapa todas las grietas en la calle. Y eso es lo que esto hace, evita que el agua entre.
Y eso es lo que la oración hace por el creyente. Eso es lo que mantiene al mundo alejado de Uds., cuando Ud. se hinca de rodillas, y dice: “¡Señor Jesús!” Y entonces la Sangre baja y lo sella a uno por completo para que el diablo no lo pueda tocar. ¿Ven? Eso es correcto. ¿Ven? Así que entonces, oh, muchas veces la gente anda por allí y dice “es terrible”, pero eso no importa; eso lo mantiene a uno a salvo. ¿Ven? Esa es la cosa principal: mantenerse a salvo. A uno le dicen: “Tú eres anticuado”, pero eso no importa; lo mantiene a uno a salvo.
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“Bueno”, dijo: “¿qué vamos hacer?”
“Muy bien”, dijo: “Te diré lo que vamos a hacer. Vamos a tomar al bebé, y vamos a tener una pequeña despedida. Vamos a tomar al bebé y lo vamos a meter allí dentro, y lo vamos a poner en el Río Nilo”.
“¡Oh! ¡No! ¡No! ¡No! Amram, tú no puedes poner a nuestro bebé allá en el río.
“¡Sí! ¡Sí! Yo sé lo que estoy haciendo”. Vean, él había tenido un sueño y sabía qué debía hacer. Vean, Dios lo había instruido. Él sabía qué hacer. Él construyó esto, y él vio que era el mismo tipo de arca que salvó a Noé allá atrás en su tiempo.
Así que, él dijo: “Mira aquí, yo dejé un pequeño orificio en la parte de arriba, para que él pueda respirar. ¿Ves?, él puede recibir sol por allí”.
Y Uds. saben, el arca en la antigua Biblia, allá en el pasado, estaba hecha de la misma manera. Y ésta tenía un agujero justo en la parte superior de ella, para que Uds. pudieran ver adentro, (¿ven Uds.?) y para que él tuviera que mirar hacia arriba.
Así que entonces, este pobre bebito, sin nombre, ni siquiera tenía nombre, el bebito sin nombre, y sin embargo era el bebito más lindo del mundo.
85
La siguiente noche, cuando ellos llegaron, y esperaron como hasta las tres de la mañana, y luego él se acerca. Y él terminó de orar. Se acerca y dice: “Ahora, vamos, Jocabed, ¡levántate!”
Y entonces, ellos despertaron al pequeño Aarón y a la pequeña Miriam, ella dijo: “¿Tú vas a agarrar a nuestro hermanito, nuestro bebé, y lo vas a poner en el Nilo donde están todos esos cocodrilos, verdad?”
Y él le echó su cabellito así hacia atrás. Ella tenía ojos bonitos, y cabellito bonito. Y entonces él la besó al lado de su mejilla y le dijo: “Cariño, a mí también me duele. A mí también me duele, pero debemos hacer esto”.
86
Vean Uds., muchachitas y muchachitos, a veces nosotros tenemos que hacer cosas que nos duelen, pero debemos hacerlo de todas maneras. Cuando las muchachas digan: “Oye, ¿alguna vez fumaste cigarrillo?”
Tú le dices: “No”.
“Bueno, ¡prueba uno! Oh, yo soy tu amiga, tú sabes. Sí, tú prueba uno”.
Pudiera doler un poquito, pero di: “Uhh - uh. Yo no lo quiero. ¿Ves? Yo no lo quiero.”.
Si te dicen: “¿Vendrás tú, irás al cine conmigo esta noche?”
“No, no. Uhh - uh. Yo no voy al cine”, ¿ves? Pudiera herirte un poquito, ¿ves?
“Oh, tú eres simplemente una anticuada”. No creas eso. Pudiera herirte un poquito. Pero simplemente dale la espalda; es la cosa correcta por hacer, ¿ves? Siempre hagan eso, hagan la cosa correcta. Muy bien.
87
Y ahora, cuando las muchachas están aprendiendo este bailecito y cosas así, y quieren que Uds. lo hagan, díganles: “No, no”. Uds. no lo hagan, ¿ven?
“Oh, bueno, es muy divertido”. A Uds. no les importa cuán divertido sea. Uds. quieren hacer lo que es correcto, así que siempre hagan lo correcto. Ahora, Uds. recuerden eso ahora. Uds. no lo olvidarán, ¿verdad?
Ahora, miren, ¿qué hicieron ellos? Entonces tomaron al bebito y subieron allí. Y el pequeño Aarón vino y dijo: “Papi, ¿qué va a hacer con nuestro bebé?”
Él dijo: “Aarón, siéntate aquí en mi regazo, cariño”. Dijo: “Mira, Aarón. Si nosotros guardamos al bebé, ¿qué vamos a hacer?” [La congregación dice: “Perderlo”.] “Perderlo. Pero si ponemos al bebé nuevamente en las manos de Aquél que nos lo dio, ¿qué haremos?” [“Preservarlo”.] “Lo preservaremos”. Eso es correcto.
“Pero ¿cómo lo va a hacer, papi?”
“No lo sé. Yo no sé cómo va a suceder, pero Dios lo hará”. ¿Ven?
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Y así pues ellos colocaron al bebito allí, y él se va. Aquí van ellos ahora, están yendo hacia la puerta. Bajan hasta la puerta, él mira en esta dirección hacia la calle, en aquella dirección hacia la calle. No venía nadie. Dijo: “Vamos, Jocabed. Vamos, Aarón. Sí, vengan. Vamos, Miriam. Vámonos”.
Ellos agarran su pequeña arca y bajan al carrizal del río. Oh, falta mucho para el amanecer. Y aquí viene el pequeño Aarón, allí atrás aguantando a la pequeña Miriam, los hermanitos, ellos estaban llorando. Y la pobre Jocabed, ella va caminando, haciendo así [El hermano Branham imita a Jocabed llorando.] “Sssss. Ellos están vigilando las calles. Tengan cuidado. ¡Sss! Tengan cuidado”. Yendo por la calle. “Sss. Tengan cuidado”. Cargando al bebito. Y la madre va cargando al bebé, y papá va cargando el arca.
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Ellos llegan hasta el río. Oh, es un río grandísimo, el segundo más grande en el mundo. Así que entonces, era un río grandísimo, veloz y lleno de cocodrilos grandotes y caimanes. Oh, ellos estaban gordos. ¡Fiu! Es que ellos les habían dado de comida todos esos niñitos. Ellos estaban bien gordos. Y ella dice, Jocabed le dice a Amram, su esposo, le dijo: “Oh, ¿qué si los caimanes agarran el arca? ¿Qué si los cocodrilos aquí la tocan?”
Dijo: “No te preocupes. Si ellos llegan a meter su nariz en ese asfalto, ellos se alejarán por completo. ¿Ves? Por eso es que apesta. ¿Ves? Se le pegará a la nariz”, dijo, “y él no podrá oler la carne humana, así que se alejará. Ese asfalto olerá tan mal que ellos huirán. Todo estará bien. No te preocupes”. Así que, ellos la pusieron en el suelo, la pequeña arca. Y él dijo: “Ahora, amamanta al bebé”.
90
Entonces la madre agarra al bebé y lo amamanta, y ella amamanta al bebé hasta que éste obtiene su desayuno, temprano en la mañana. Y luego ella [El hermano Branham hace un sonido de un beso.] lo besa. Y ella dijo: “Mira, Aarón, tú lo puedes besar”. Y Aarón lo besa. Y luego lleva a Miriam, y ella lo besa. Y la madre lo besa y: “Oh”, ella dice: “Yo simplemente…”
“¡Sss! Ahora escuchen, nosotros tenemos que ser soldados. ¿Ven? Tenemos que ser soldados. Miren, ¿todos Uds. quieren besarlo otra vez?” Y todos ellos lo besan otra vez. Luego lo ponen allí adentro.
Y la madre hizo una pequeña manta y se la puso allí, una almohadita, y lo puso en eso. Ella dijo: “Mi precioso bebito, Dios te bendiga”.
“!Sss!. Dios se encargará de eso. No te preocupes”. Cerró la pequeña tapa. Y de repente, el padre comienza a quitarse su saco, se quita la camisa. Y allí va él, vadeando dentro del agua.
91
¿Qué piensan Uds. que está ocurriendo en el cielo en ese momento? ¡Aleluya! Uds. saben, cuando aquí abajo suceden cosas, hay algo ocurriendo allá arriba, también. ¡Amén! Yo puedo ver a Dios levantarse de Su Trono, caminar por allí y decir: “¡Gabriel! ¡Gabriel! ¿Dónde estás?”
Y Gabriel dice: “Heme aquí, Señor”.
“Ven aquí un momento. Yo quiero mostrarte algo”. Dijo: “Todos Uds. ángeles, júntense aquí, yo voy a mostrarles algo. Yo tengo gente que me cree. Sí, yo tengo gente que confía en Mí. ¡Vengan aquí un momento! ¡Es bueno que todos Uds. los ángeles, échenle un vistazo a esto! ¡Miren!”
“¿En dónde está?”
“Allí abajo”.
“¿En dónde? Sí, sí. Sí, lo veo”.
“Miren justo allí abajo. ¿Ven el borde de esos juncos allí, ese carrizal y cosas?”
“Sí”.
“¡Vean allí!”
“¿Qué es?”
“Allí está un hombre con sus manos levantadas en el aire, sobre sus rodillas, invocándome a Mí. Hay una madre llorando, y los niñitos llorando. Ellos están confiando en Mí, hasta el fin. Gabriel, ¿tú recuerdas cuando fuiste allá? ¿Tú recuerdas a ese hombre?”
“Sí, yo me encontré con él esa noche en el cuarto y le hablé. Sí”.
“Él todavía confía en Mí. ¡Yo tengo gente que confía en Mí! ¡Yo tengo gente que confía en Mí hasta el final! ¿Lo ves? Míralo. Sí. Oh, ¿no es eso ser valiente?”
92
El padre va caminando en el agua, comienza a empujar la pequeña barca hacia adentro.
Yo puedo oírlo a Él decir: “¡Gabriel!”
“¿Sí, Señor?”
“Llama diez mil ángeles a la escena. Dales órdenes enseguida. Llama las huestes celestiales. Colócalos todo a lo largo de las barandillas del cielo, y ponlos por todas las islas. ¡Ordeno que ningún cocodrilo toque ese cargamento! ¡Nada la tocará! No permitas que ni siquiera un pedazo de madera se le acerque”. ¡Aleluya!
Gabriel dijo: “Así se hará”.
“Excelente. ¡Suenen la trompeta!” ¡Y diez mil ángeles vienen armados!
“El piloto. ¿Dónde vas Tú a estar, Señor?”
“Yo estaré en el otro extremo”. Él siempre está en el extremo receptor. “Yo esperaré en el otro extremo. Yo tengo un propósito. Cuando la gente confía en Mí, Yo tengo algo, un propósito; todo estará bien con ellos”. Muy bien, Él baja hasta el otro extremo.
93
Veo a Moisés… o mejor dicho, al pequeño Aarón y a los demás regresando por la calle, llorando: “Sh - sh - sh - sh - sh”. Obsérvenlo. Y la pequeña Miriam, ella todavía está parada allí, observando. Ella decía: “Oh, oh”.
Le dijo: “Vamos, Miriam, ya está amaneciendo. Vamos, los gallos ya están cantando. Vamos, se está haciendo de día. Vamos, cariño, ¡vámonos!”
Dijo: “¡Oh, papi, papi! Por favor, una vez más. Déjame que me quede parada aquí, déjame observarla y déjame ver qué sucede. Yo regresaré a casa dentro de un rato”.
“Oh, esa es una buena idea, Miriam; pudiera estar bien así. Tú sólo quédate parada aquí y observa lo que sucede”.
“Muy bien, yo vigilaré”.
“Mira, ve rápidamente a casa dentro de un rato. Simplemente ve lo que sucede. Y ven y avísanos qué sucede”.
“Muy bien, papi”. Y así se fueron a casa, tenían que darse prisa.
La pequeña Miriam, ella se queda allí, y observa. De repente, se hace de día. “Oh, oh, oh, ¿qué es eso que viene allá? Es un tronco. No. ¿Es eso un caimán? Oh, él volteó”.
94
¡AJa! ¿Qué vio él? Él vio lo que mucha gente no ve. ¿Ven? Ese pequeño cargamento estaba yendo, flotando por allí. Ellos pensaron que éste no tenía ningún piloto, pensaron que no tenía capitán. Pero sí. Ellos estaban reunidos todo alrededor.
Aquí viene un pequeño cocodrilo, dice: “Oh, mira allí”. Aquí viene él, flotando por encima así, él hace… “Oh, no. No, no”. Tú no puedes acercarte a ese cargamento. Allí estaba el emancipador que libertaría del cautiverio a tres millones de judíos. Todos los demonios del infierno no podían tocarlo. Y allí iba esta pequeña arca hecha de asfalto, flotando en el río.
95
De repente, entra en un remolino. “¡Oh!” Dice Miriam: “¡Oh! ¡Oh, mira eso! ¡Ese remolino, míralo! ¡Míralo así!” Y cuando se dio cuenta, de repente salió de allí.
Así es como sucede. Nosotros entramos en un remolino, a veces, en esta pequeña barca. No se preocupen. Hay Alguien vigilando. “Los ángeles de Dios acampan alrededor de los que le temen a Él”. Hay diez mil de ellos en la lista de marcha ahora mismo.
96
La pequeña Miriam, ella baja, se sube sobre esta roca grande, y ella se asoma sobre ella así. Y mira hacia abajo, ella vigila el arca. Y sigue bajando por aquí, y pasa por este montón de lirios. Al poco rato ésta se atasca allí. Dice: “¡Oh! Oh, yo me pregunto”.
(Ahora, su papá le había dicho a ella, dijo: “Mira, no dejes que nadie te vea vigilando eso. Si alguien aparece, sólo actúa como que tú ni siquiera la estás mirando, sigue por otro lado. No actúes como que la estuvieras vigilando en lo absoluto, simplemente sigue adelante”. “Muy bien”, dijo ella.
97
Ella sigue bajando por la orilla y ésta se atasca. De repente, allí estaba un gran montón de pescadores. Y ella hizo como que ella simplemente era una niñita que andaba por allí. Miren, ya eran como las diez de la mañana, Uds. saben, así que ella simplemente siguió caminando río abajo, y ella mantiene su ojo mirando hacia atrás, así de lado, para ver adónde iba el arca.
Al poco rato, ella pasa al lado de otro grupo. Y sigue vigilando; sigue un poco más lejos. Continúa yendo, yendo un poco más lejos.
Después de un rato ella llega hasta un muro bien grande. “¡Oh, vaya, va entrar detrás de este muro!” ¿Qué puede hacer ella? Ella no sabe qué hacer. Bueno, ella no puede subir por encima del muro, así que se mete al agua y sube así, y se arrastra sobre la parte de arriba. Ella sube allí, y sigue caminando.
98
Y de repente, ella está en un hermoso jardín. Flores están floreciendo en todas partes, y es tan bonito. Ahora escuchen sólo un momento. Ahora observen, muchachitas. Flores bonitas, y, oh, los árboles están todos arreglados. ¡Aquello se veía tan bonito! Es un parque. “Oh”, ella dijo, “¡mira eso allí! ¡Oh, vaya! Yo estoy en el parque del palacio, el palacio del Faraón, en el parque. ¿Qué voy yo hacer aquí? Si me llegan a descubrir aquí, oh, vaya, ¿qué me harían?”
Y ella observó. Allí va la pequeña arca, y como que se detuvo allí en el agua, y sólo flotaba alrededor en el agua. ¿Por qué será? Y ella escuchó a alguien hablando. Ella se esconde debajo de los arbustos. Se sentó y se asomó así, Uds. saben - la pequeña Miriam. Pero ella empezó a asomarse para ver.
99
De repente, ahí vienen unos hombres grandotes de tez oscura cargando un pabellón, así. Y las doncellas le seguían, y ellas estaban cantando. Y aquí viene una mujer, y ella tiene una gran banda de oro alrededor de la cabeza, y ella desciende. Ella tiene puesta unas vestiduras muy bonitas, y cosas. Y escuchó a una de las doncellas decir: “Su majestad, ¿Ud. cree que el agua estará caliente esta mañana?”
Miriam dijo: “¿Majestad? Oh, eso debe ser la realeza, así que yo seguramente estoy en el parque. Y si me descubren aquí adentro, ¿qué me harán?”
100
Muy bien, ella pues desciende, y estos hombres enormes de tez oscura cargando esta vara así, bajan así hasta la orilla del agua, y ella se quita la ropa. Y una doncella tiene las toallas, y otra tiene el jabón. Y ella estaba bajando allí para tomar su baño de la mañana. Así es que, ella baja allí y comienza a prepararse para tomar su baño. Se quita los zapatos y dice: “Meteré mis dedos en el agua para ver si ya está caliente. Oh, está agradable, justamente… ¿Qué es eso que está allá?”
101
“¡Oh!” la pequeña Miriam dijo: “¡Ah! Um - um, ella ya vio el arca”.
“Oh”, dijo ella: “¿es eso un cocodrilo?”
Uno de esos hombres grandes y fuertes dijo: “Un momento. Yo averiguaré”. Splash, splash, splash, camina dentro del agua. La levanta así, y entra. Dice: “¡Su majestad!” Se la entrega a la doncella. Y la doncella la agarra y se la da a ella así, y ella la pone en el suelo.
Ella dice: “¿Qué es? ¡Fiu, apesta! Tiene asfalto por todos lados. Miren aquí, tiene un orificio en la parte de arriba”. Y Miriam dice: “¡Oh! ¡Oh, allí va mi hermanito! ¡Allí va mi hermanito!”
102
Y entonces ellos la abren así. “¡oh, era un bebé!” Y éste comenzó… ¡El bebito más lindo en el mundo! Y, oh, un Dios que pudiera causar odio, pudiera causar amor; y todo el amor que Él pudiera poner en el corazón humano, de una madre por un niño, Él lo puso en el corazón de esa niña, y ella dijo: “Es uno de los heb… Yo sé lo que es. ¡Es ese mal padre mío! ¡Él es tan malo! Él mandó a matar a todos los niñitos hebreos. Y una de esas madres ha lanzado a su bebé al agua, esperando que aterrice adonde pueda. ¡Oh, él es precioso! Pues, él no matará a éste, porque éste es mío”. Um- ujum, ¿ven cómo está Dios obrando?
103
Ella lo levantó y lo besó. Y el bebé lloró. Y cuando lloró, calentó su corazón. Ella dijo: “Pobrecito”. Dijo: “Lo tomaré y voy a llamarlo… Le voy a dar un nombre”. Y fue allí que él obtuvo su nombre.
¿Cuál fue su nombre? [La congregación dice: “Moisés”]. Moisés. Y Moisés significa “sacado del agua”. ¿Ven?
104
Ella dijo: “Ahora, lo llamaré Moisés, y él será mi propio bebé. Yo lo cuidaré”. Pero ahora, ella dijo: “Pero yo soy una doncella, no puedo amamantarlo. Yo no tengo forma alguna de amamantarlo”. En aquel entonces ellos no tenían biberones y esas cosas. Las mujeres no fumaban cigarrillos como lo hacen ahora, ellas no se llenaban de ese veneno. Entonces dijo: “Bueno, si Uds. conocen una…” Dijo: “¿Qué, qué haré?” Entonces, ella dijo: “Yo…”
Y una de ellas dijo: “Le diré, su majestad, yo buscaré una nodriza para su bebé”.
“Oh”, ella dijo: “eso está muy bien”.
Y algo habló, un Ángel parado allí en el arbusto, dijo: “¡Miriam, allí está tu oportunidad! ¡Allí está tu oportunidad!” La pequeña Miriam salió corriendo. Y le dijo: “Mira, tú no digas nada, no abras la boca. Sal y di que tú buscarás a una nodriza, y ve y busca a tu madre”.
Muy bien, ella entonces dijo eso. Ella dijo: “¡Su majestad!”
105
Ahora, normalmente, ella hubiera dicho: “¿Qué estás tú haciendo aquí adentro?” Pero, vean, Dios había cubierto todo aquello. ¿Por qué? Él tenía diez mil ángeles en marcha. ¿Ven? Su programa iba a resultar. Él tenía diez mil ángeles parados allí.
Así que, de repente, dijo: “Sí, amorcito, ¿qué estás haciendo aquí?” Ella dijo: “Yo simplemente la vi a Ud. con el bebé”. Dijo: “Yo sé en donde está una buena madre que le cuidaría a su bebé”.
Ella dijo: “Ve y búscala, y dile que le daré trescientos dólares a la semana para que me cuide a este bebé, y yo le daré toda una suite allá en el palacio. Y si tú sabes adónde hay una mujer hebrea, que sea nodriza, que pueda amamantar a este bebé… Este es mi bebé”.
Dijo: “Sí, su majestad, yo le buscaré una”.
Dijo: “¡Mira, espera un momento! Antes de entrar al castillo, tú tienes que tener una contraseña. Ves, tú no conoces la contraseña. Cada día nosotros tenemos una contraseña. Mira, la contraseña hoy (¿Saben Uds. cuál era?): Una horquilla y un haz de paja”. Dijo: “Eso es lo que tú tienes que decir para pasar por la puerta”.
106
Entonces la pequeña Miriam se va a casa muy alegre, tan rápido como puede ir, y salta por encima del muro, y cae a la calle, y baja por aquí, y por aquí, tan rápido como puede ir. Entra corriendo a la casa.
Y Amram acababa de llegar a casa. Y Jocabed dijo… Oh, ellos estaban tristes, preguntándose qué estaba pasando. Ella decía: “¡Mi pobre bebé! ¡Mi pobre bebé!”
Él dijo: “Mira, escucha nada más”. Dijo: “Yo acabo de pasar hace rato por la calle allí, y esa pobre madre había mantenido a todos levantados todo el día. Ellas pasaron por este mismo vecindario esta mañana, y estrellaron la cabeza de cada bebé que había en el vecindario”. Y dijo: “¡Cómo es que ellas estaban gritando y llorando! Ahora, no sé de tu bebé, dondequiera que esté, donde esté nuestro bebé, Dios cuidará de él”.
107
Justo en ese momento… [El hermano Branham toca en el púlpito]. “¡Oh! allí están ellas a la puerta ahora”. Así que, ellos fueron y miraron. No, no eran. Era Miriam.
Ella dijo: “¡Oh! ¡Oh, Miriam! ¡Entra, querida! ¿Qué le sucedió al bebé?”
Ella dijo: “Madre, tengo mucha hambre”.
Dijo: “Pero ¿qué le sucedió al bebé?”
Dijo: “Estoy que casi me muero del hambre, madre”. Dijo: “¡Oh, alabado sea el Señor! ¡Aleluya! Estoy que me muero del hambre, madre”.
Dijo: “Pero ¿qué le sucedió al bebé?”
Dijo: “Madre, yo tengo tanta hambre que pudiera comerme todo lo que hay en la casa”.
Dijo: “Te traeremos algo de comer, pero ¿qué le sucedió al bebé?”
Dijo: “Oh, el bebé está bien, madre. Dame algo de comer. ¡Oh, estoy tan contenta!”
“Bueno, ¿qué le sucedió?”
“Bueno, dame algo de comer, es que estoy que casi me muero del hambre”. ¿Pudieran Uds. imaginarse eso?
108
Ella dijo: “¡Miriam! Esta es tu madre y tu papá. ¿Dónde está el bebé?”
Ella dijo: “Madre, ya te lo dije. El bebé, pues yo lo vi, y él está bien. Ahora, madre, tráeme algo de comer, estoy muerta del hambre. Ud. sabe, yo estoy que casi me muero del hambre”. Como lo están Uds. cuando llegan de la escuela, Uds. saben; oh, sencillamente tienen que comer algo.
Así que, ella fue y le trajo un emparedado. Dijo: “Ahora cuéntame”.
Y ella hacía: “Yum, yum, yum”, comiendo, Uds. saben. Dijo: “¿Madre?”
Dijo: “Sí, ¿qué le sucedió al bebé?”
“Pues”, dijo, “madre…” Le contó la historia. Y dijo: “Madre, vaya y saque su mejor ropa, y empaque su maleta porque Ud. va a cuidar al bebé”. ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh!
“¿Cómo?”
Si la pierdes, la hallarás otra vez. ¿Es correcto eso? Si la guardas, la perderás. Si la das, si la pierdes, la hallarás. ¿Es correcto eso?
109
Y la pequeña Miriam seguía comiendo. Dijo: “Sí”. Dijo: “Ud. va a ir hoy al palacio. Y no solamente eso, pero le van a dar trescientos dólares a la semana, y las mejores habitaciones en toda la nación, para que cuide a su propio bebé”.
La primera vez en toda la historia del mundo en que le hayan pagado a una madre para amamantar a su propio bebé. ¿Ven cómo obra Dios? ¡Aleluya! Amamantar a su propio bebé, y recibir trescientos dólares a la semana por eso, y con las mejores habitaciones en todo el país. Dios hace cosas tremendas, ¿no es cierto? ¿Vale la pena orar? ¿Es bueno orar?
110
Así que, ella preparó su pequeña maleta. Miren, nos daremos prisa, vamos a terminar en breves momentos. Entonces ella alistó su maleta, y se fue por el camino, tan rápido como podía ir. Y de repente Uds. saben, ella llegó, y allí estaba parado un guardia grandote con su enorme espada, dijo: “¿Quién anda allí?”
Ella dijo: “Una horquilla y un haz de paja”.
Dijo: “Pase”. ¡Vaya! ¿Ven cómo Dios hace las cosas?
Sigue hasta el palacio, sube, y toda la realeza sale, desenvainan sus espadas. “¿Quién anda allí?”
Dijo: “Una horquilla y un haz de paja”.
“Adelante”.
De repente, un hombre salió y dijo: “¿Es Ud. la damita a quién su majestad está esperando?”
“Sí”.
“Y ¿es esta la nodriza para el bebé que fue encontrado esta mañana?”
“Sí”.
Dijo: “Bueno, tráiganla”. Ella entonces trae al bebé… o mejor dicho, hace pasar a la madre.
111
Y la princesita sale y dice: “¿Ud. conoce algo acerca de los bebés?”
Ella dijo: “Sí, su majestad”.
Ella dijo: “Mire este bebé. ¿No es hermoso?”
“Sí, su majestad. Sí”.
Dijo: “¿Sabe Ud. cómo cuidar a un bebé?”
“Sí, su majestad. Seguro”.
“Bien”, dijo, “Le daré un salario de trescientos dólares a la semana”. ¡Hum! ¿No fue Dios bueno? Y dijo: “Y Ud. tendrá las mejores habitaciones del palacio, y sus comidas serán enviadas a Ud. Ni siquiera tendrá Ud. que salir y cocinar sus propias comidas”. Dijo: “Mire, aquí está el bebé. Tenga cuidado. No lo deje caer”.
“Oh, no se preocupe que no lo dejaré caer. No se preocupe, no lo dejaré caer”.
“Dele el mejor de los cuidados”.
“No se preocupe Ud., lo haré. Él tendrá el mejor de los cuidados”.
“¿Ve Ud. que es un bebé hermoso?”
“Muy hermoso”, dijo ella.
“Muy bien”.
112
La puerta se cerró para Miriam, su madre y el pequeño Moisés. Y cuando la puerta fue cerrada, ella miró para todos lados. Dijo: “Y ella pensó que tú eras su bebé. ¡Ja - ja - ja!” ¡Oh, hermanos!“ Ella lo acarició.
¿Qué había hecho ella? Ella… Si ella lo hubiera guardado, ¿qué hubiera hecho ella? [La congregación dice: “Lo hubiera perdido”.] Así que, ella lo devolvió a Aquél que se lo dio a ella, y ¿ella qué cosa? Lo encontró. Y ella ahora lo puede tener. Ahora, ¿qué sucede si nosotros perdemos… si nosotros guardamos nuestra alma, qué sucede? La perderemos. Y si la devolvemos a Aquél que nos la dio a nosotros, ¿qué sucederá? La preservaremos. ¿Es correcto eso?
113
¿A cuántos de todos Uds. les gustaría pasar al altar y orar? ¿Les gustaría hacerlo? ¿Les gustaría que Jesús cuide de Uds. así como Él cuidó de aquel bebito? Miren, todos los niñitos, vamos a juntarnos alrededor del altar ahora. ¿Lo harán Uds.? Vengan y pónganse alrededor, arrodíllense alrededor del altar. Oremos, todos Uds. Todos los niñitos, ahora pasen aquí al frente. ¿Les gustó mi historia acerca de esto? ¿Les gustó eso? Muy bien, ahora pasen al frente y pónganse alrededor del altar. Vengan ahora. Vengan todos Uds. los niñitos, arrodíllense alrededor del altar, sólo arrodíllense allí en el altar. Eso es. Todos Uds. pequeñitos en la parte de atrás, vengan aquí ahora, vamos a orar. Muy bien. Uds. que desean pasar al frente y orar. Vengan y arrodíllense alrededor del altar. Así es. Miren, eso está bien. Eso está muy bien. Muy bien.
Ahora, las madres, ¿Uds. desean venir también, y los papás, todos Uds. quieren arrodillarse en el pasillo?
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Ahora, yo quiero preguntarles algo a Uds. niñitos aquí. Miren, ¿creen Uds. que Jesús les ama así como Él amaba a Moisés? ¿Creen Uds. que ángeles los vigilan a Uds. así? Ahora, Dios les dio un alma a Uds. ¿No es verdad? Ahora, si Uds. guardan su alma, ¿qué le sucederá? La van a perder. Pero si Uds. la devuelven a Jesús esta mañana, entonces ¿qué van Uds. a hacer? Van a preservarla, van a salvarla. Ahora, Uds. quieren salvar su alma, ¿no es así? Y Uds. quieren crecer para ser verdaderas madres y verdaderas damas, ¿no es cierto?; verdaderos hombres, predicadores, y lo demás. ¿No quieren Uds. hacer eso? Ahora, si lo desean, entonces entréguenle su alma a Jesús. Esta es la manera cómo hacerlo. Digan: “Amado Jesús, esto es todo lo que tengo para darte a Ti, es mi alma, pero cuídame Tú como lo hiciste con Moisés”.
115
Ahora, si alguno de Uds. los de más edad desean venir y arrodillarse también, algunas de Uds. madres, tal vez, que quisieran arrodillarse aquí esta mañana, la invitación está abierta para Ud. también. Si Ud. quiere venir y arrodillarse aquí al frente, eso está bien. Aquí viene una madre junto con su hijito. ¿Alguien más?
Un padre, papá, cualquiera de Uds., si Ud. desea ser un hombre de oración como lo fue Amram, venga y arrodíllese también.
Madre, si Ud. desea ser como Jocabed, pues, venga pues y arrodíllese también. Seguro. Es para todos. ¿Por qué? Uds. tienen un alma, también. Si Ud. la guarda, ¿qué sucederá? [La congregación dice: “La perderá”]. La perderá. Y si la devuelve a Aquél que se la dio a Uds., ¿qué ocurrirá? Uds. la salvarán, para vida eterna. Correcto. Ahora, quiero que se junten alrededor, todos los que desean hacerlo ahora, y oremos junto con estos pequeñitos, y con todos ahora.
116
El día de las madres, un día maravilloso. Y quizás esta noche, yo pudiera cambiar mi tema y continuar esta noche y decirles lo que hizo esa madre, cómo hizo esa madre. Ella fue la que educó a su hijito para guiar a todo Israel a la tierra prometida. Oh, ella fue una verdadera madre. ¿No fue ella una verdadera madre? [Los niños dicen: “Sí”.-Ed.] Ahora, Uds. también tienen una verdadera madre, y su mamá está orando por Uds. Él fue un verdadero papá. Y su papá está orando por Uds. Y ahora vamos todos a orar juntos, y a pedirle a Jesús que nos ayude.
117
Hermano Neville, ¿quiere Ud. venir y arrodillarse con nosotros?
E inclinemos todos nuestros rostros, por doquier. Ahora, hermana Gertie…
Amado Padre Celestial, esta sencilla historia hoy, acerca de los largos días que han pasado, donde un verdadero padre y madre, o verdaderos creyentes, vinieron a Ti y ellos adoraron, ellos te creyeron. Había una angustia en la tierra en ese tiempo. Y ¿cómo sabemos nosotros que no hay un moderno pequeño Moisés arrodillado aquí esta mañana? ¿Cómo sabemos nosotros que no hay una moderna pequeña Miriam arrodillada aquí esta mañana, también, la profetisa?
Oh Padre amado, estos niñitos te aman, y ellos vienen, arrodillándose junto a la cruz, reconociendo que ellos tienen un alma que debe ser salva, y ellos la están entregando a Ti hoy. Porque acabamos de leer en Tu Palabra: “Si tú la pierdes, la encontrarás; y si la guardas, la perderás”. Y, Padre, ellos no desean guardar su alma para sí mismos. Ellos no desean vivir para sí mismos. Ellos quieren dar su alma a Ti, para que al darlas ellos puedan hallar la vida eterna. Concédelo, Señor.
118
Bendice a todos estos niñitos y niñitas alrededor del altar. Bendice a las madres y padres que están aquí esta mañana. Oh, que Tu gracia amorosa y misericordia sea sobre todos ellos. Perdónanos, Señor, por todos nuestros pecados y faltas. Quita la enfermedad de nuestro medio.
¡Envía los ángeles! ¡Aleluya! Dios, Tú Quien mandaste a Gabriel, y diez mil ángeles salieron en marcha; ¡cuántos más ángeles se juntan alrededor cuando ellos ven a estos pobres niñitos arrodillarse frente a este altar esta mañana! Todo alrededor de este altar y por toda esta iglesia hay ángeles de Dios parados. El ángel registrador está aquí, apuntando sus nombres en el libro. ¡Ellos están perdiendo su alma, para que así puedan hallarla en Cristo! Concédelo, Señor.
119
Que, desde este día en adelante, sus pequeñas vidas sean dulces y humildes. Que ellos sean hijos obedientes a sus padres y a Su Padre Celestial, hasta el día en que Tú los llames al Hogar. Guíalos en su pequeña barca, a través de todo remolino. Cada vez que ella se atasque en los arbustos, que los Ángeles de Dios la empujen hacia las corrientes que fluyen del amor de Dios. Concédelo, Señor. Al final del camino, que ellos encuentren un hogar amoroso, y a su madre y sus seres queridos allá en la gloria, donde Dios está parado a la puerta para darles la bienvenida, en aquel día. Concédelo, Padre.
Perdona todos nuestros pecados y delitos. Y ayúdanos en este día a ser completamente Tuyos. Encomendamos estos niñitos en Tus manos ahora. Y a estas madres junto con ellos, Señor, para que ellas sean la clase correcta de madres en este día de las madres, este día conmemorativo que les es dado a las madres. Y que ellas, a partir de este día, sean mejores madres. Que los niños sean mejores hijos. Que todos nosotros seamos mejores, Señor, y te sirvamos mejor. Concédelo, Padre, porque te lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén.
120
Ahora, cantemos un corito.
¿Creen Uds. que Jesús los salvó? ¿Quieren que Jesús cuide de Uds. ahora, mientras se ponen de pie? Levanten su mano a Él, así ahora. Quiero que se den vuelta hacia papá y mamá, y todos ellos. Dense vuelta así. Ahora miren aquí, mamá y papá. Todos Uds. muchachitas y muchachitos pónganse de pie. Ahora, ¿cuántos aceptan a Jesús como su Salvador, y Uds. van a confiar en Jesús desde ahora en adelante, para que Él cuide de Uds. como Él cuidó de Moisés? Veamos sus manos levantarse. Cada uno de Uds. ¡Qué bueno! Ahora, ¿qué sucedió? Si Uds. guardan su alma, ¿Ud. qué? [La congregación dice: “La perderemos”.] La perderán. Pero si Uds. la entregan a Jesús, ¿qué sucederá? [“La preservaremos”.] Uds. la preservarán. Ahora, ¿qué si Jesús los tiene a Uds. ahora en esta mañana? Uds. ahora son de Jesús, ¿no es así? Uds. son el hijito y la hijita de Jesús.
121
Miren a estos pequeños aquí con lágrimas. No piensen que Dios no conoce eso. Amén. ¡Los hombres del mañana! Sí. Eso es correcto. Amén.
Tráiganlos de los campos de pecado;
Tráiganlos, tráiganlos,
Traigan los pequeñitos a Jesús.
“¡Oh, cuánto amo a Jesús!” ¡Vamos pues!
Oh, (todos Uds.) cuánto amo a Jesús,
(Levanten sus manos ahora.)
Oh, cuánto amo a Jesús,
Oh, cuánto amo a Jesús,
Porque Él me amó a mí primero.
122
¿No es eso hermoso? Ahora: “Jesús Ama A Los Niñitos Del Mundo”. Denos un tono, hermana. Ahora, todos Uds. voltéense así hacia mí, Uds. niñitas. Yo quiero cantar: Jesús Ama A Los Niñitos Del Mundo“. ¿Cuántos lo saben? Muy bien, cantémoslo ahora.
Jesús ama a los niñitos,
A todos los niños del mundo;
Rojos y amarillos, negros y blancos,
Ellos son preciosos a Sus ojos,
Jesús ama a los niñitos del mundo.
123
Ahora, todos Uds. están en el ejército ahora. ¿Sabían Uds. eso? ¿Saben Uds. que Uds. están en el ejército de Dios? Ahora, miren directo hacia mí ahora. Y canten conmigo ahora, porque Uds. ahora son soldados. ¿Saben eso? ¡Soldados de la cruz! Ahora: “Puede que yo nunca marche…” ¿Se saben ése? Muy bien. Muy bien, es un viejo canto de escuela dominical, de hace tiempo: “Puede que yo nunca…” Ahora mírenme a mí ahora.
Puede que yo nunca marche en la infantería,
Cabalgue en la caballería, dispare la artillería;
Puede que yo nunca pase volando sobre el enemigo,
Pero yo estoy en el ejército del Señor.
Yo estoy en el ejército del Señor,
¡Yo estoy en el ejército del Señor!
Todos nosotros, todos juntos ahora. ¡Ahora!
Puede que yo nunca marche en la infantería,
Cabalgue en la caballería, dispare artillería;
Puede que yo nunca pase volando sobre el enemigo,
Pero yo estoy en el ejército del Señor.
124
¿Crees que puedas cantar eso tú sola? Sube aquí, Becky. Sube justo aquí. Quiero que todos Uds. hagan las mismas cosas que yo hago. Den la vuelta detrás del altar aquí ahora. Suban justo aquí. Cada uno de Uds., acérquense aquí arriba donde yo estoy. ¿Ven? Suban aquí. Nadie está de este lado del altar, suban aquí mismo. Eso es. Vengan aquí atrás. Ahora, dense vuelta hacia allá, miren atrás en esta dirección así. Eso es. Yo quiero mostrarles lo que hacen buenos niñitos y niñitas después que ellos conocen a Jesús. Ahora, vengan aquí atrás, algunos de Uds. Ahora, eso es. Ahora vean allá.
125
Ahora, cuando yo diga: “Puede que yo nunca marche en el ejército”, Uds…. “marche en la infantería”, Uds. marchen también. Cuando yo diga: “Puede que yo nunca cabalgue en la caballería”, Uds. hagan las mismas cosas que yo haga. Ahora manténganse alejados de mí, párense bien atrás ahora. Necesito espacio. Bien atrás, bien atrás, ahora está bien. Ahora, vamos, cantémoslo.
[El hermano Branham y los niños hacen movimientos mientras cantan.]
Puede que yo nunca marche en la infantería, (¡marchen!)
Cabalgue en la caballería, dispare artillería;
Puede que yo nunca pase volando sobre el enemigo,
Pero yo estoy en el ejército del Señor.
Oh, yo estoy en el ejército del Señor,
¡Yo estoy en el ejército del Señor! (¡Listos!)
Puede que yo nunca marche en la infantería,
Cabalgue en la infantería, dispare en la artillería;
Puede que yo nunca pase volando sobre el enemigo,
Pero yo estoy en el ejército del Señor.
¡Amén! Sólo quédense quietos. ¿A cuántos les gusta eso? Digan: “Amén”.
126
Ahora, Padre Celestial, bendice a estos niñitos hoy. Ellos son Tuyos, Señor. Ellos han entregado sus vidas a Ti. Ellos escucharon la pequeña historia de Moisés y cómo es que Tú lo protegiste a él. Ellos escucharon de una buena madre y un buen papá que los socorrió y los crió. Y así también estos niñitos tienen buenas madres y papás. Y yo ruego, Padre, que Tú los cuides y los dirijas por la corriente del tiempo, y que los ángeles de Dios los protejan. Y entonces que están en el extremo receptor, para recibirlos a ellos en los últimos días, Señor, en Tu Reino. Lo pedimos en el Nombre de Cristo. Amén.
127
Ahora, pueden regresar a sus asientos y díganle a papá y a mamá lo bien que se sienten. Amén. “Todos los días de sus peregrinaciones fueron guiados”, mira, ¿tú te sabes esa también, Gertie?
… de sus peregrinaciones ellos fueron guiados,
A la tierra prometida ellos fueron guiados;
Por la mano del Señor en guianza segura,
Ellos fueron llevados a la ribera de Canaán.
¡Todos!
La señal del fuego de noche,
Y la señal de la nube de día,
Cerniéndose por arriba, justo adelante,
A medida que ellos viajan en nuestro camino,
Será un guía y un líder,
Hasta que el desierto haya pasado,
Porque el Señor, nuestro Dios, a Su tiempo
Nos guiará a la luz al fin.
128
¿Cuántos están enfermos esta mañana y desean la oración? Veamos su mano. Siendo que se nos ha hecho un poco tarde, tal vez pospondremos nuestro servicio de sanidad hasta esta noche. Y simplemente ofreceremos una oración ahora, por causa de que estamos un poquito atrasados.
¿Han disfrutado la pequeña historia? ¿Creen que fue bueno para los niñitos? Sí. Muchas veces nosotros los pasamos por alto a ellos. No deberíamos hacer eso. Vean, yo nunca tengo la oportunidad de enseñar la escuela dominical, y esta mañana fue un tiempo para hablarles a ellos. Yo no quería agotarlos a Uds., pero quería contarles esta pequeña historia.
Recuerden, niñitos, esa no es una simple historia que Uds. leen en cualquier lugar. Eso es verdad. ¡Esa es la verdad! Dios hizo eso. Y Él está con Uds. hoy. Muy bien.
Inclinemos nuestros rostros ahora mientras cantamos nuestro canto de despedida, lentamente: “Lleva El Nombre De Jesús Contigo, como un escudo contra todo enemigo”. Muy bien. “Lleva El Nombre De Jesús Contigo”.